Estimados españoles de derechas:
Mi nombre es Alba Chaparro, soy estudiante de máster de comunicación corporativa y publicitaria, tengo 26 años (recién cumplidos). Estudié periodismo, y un posgrado de periodismo gastronómico. A los 18 años empecé a trabajar de camarera en una empresa de servicios para no suponer una lacra económica a mi familia (de clase humilde). Ahora soy maître, parece que la hostelería se me da bien. También hago prácticas de periodista. Son las terceras, es que es imposible encontrar alguien que me quiera hacer un contrato. No paro, ¿eh? Pues soy de esa generación a la que durante años habéis tachado de generación ni-ni. Ahora no, ahora parece que somos una generación víctima de la crisis que "creó" Zapatero. ¡Hay que ver cómo cambiáis los términos cuando os benefician políticamente!
Cuando nací mis padres eran cabreros, no tenían absolutamente nada. Se vinieron a Madrid en busca de un futuro mejor, algo que han conseguido a base de esfuerzo y del pluriempleo. Tuvieron la osadía de comprarse una casa y me llevaron a colegio privado porque pensaban que era lo mejor para mí, así que he crecido viendo cómo para ello han tenido que renunciar a irse de vacaciones año tras año, han tenido que renunciar a irse de compras, a hacerse regalos en sus aniversarios, a tener coche... Siempre me ha parecido injusto que, al igual que otras muchas familias, hayan tenido que sacrificarse tanto para tener una vida digna en este, nuestro Estado de Bienestar. Quizás por eso soy la oveja negra de la familia, quizás por eso soy de izquierdas. Quizás no.
El caso es que estoy un poco enfadada con los españoles de a pie de derechas. Con los que dirigen el país y los medios de comunicación también, pero con esos estoy más bien indignada.
Estoy enfadada porque os quejáis de lo mismo que nos quejamos los de izquierdas (paro, corrupción, desigualdad social, abusos de la banca...), pero como la derecha tiene caché, parece que nosotros tenemos que ser unos piojosos muertos de hambre que no sabemos más que tirar piedras en manifestaciones. Da igual que nos manifestemos 200.000 y las piedras las tiren cuatro, que toooda la gente de izquierda somos unos camorristas.
Estoy enfadada porque veis mal que después de manifestarme me tome un par de cañas con mis amigos. Da igual que trabaje seis días a la semana (a veces los siete), da igual que tras siete años trabajando sólo haya cotizado tres, da igual que me haya dejado los cuernos compaginando trabajo con estudios, porque ahora sólo encuentro trabajos de becaria (en los que hago lo mismo que cualquier trabajador pero cobrando cinco veces menos), da igual que sea autosuficiente económicamente desde hace años, da igual que proteste porque la reforma laboral ataque directamente a mi generación... Da igual todo, porque si a mí me da por tomarme una caña después de manifestarme, soy una sinvergüenza.
Estoy enfadada porque, como ha demostrado la reciente polémica con los haberes personales de Ladislao Martínez, si mis padres fallecen y heredo su casa de Móstoles y su casa en el pueblo, así como las cuatro tierras que tienen -cuya tasación demuestra que no valen nada, y que a su vez son herencia de mis abuelos-, no tendré derecho a ser de izquierdas.
Estoy enfadada porque la gente de izquierdas parece no tener derecho a ir un día a comer a un restaurante caro (independientemente de que tenga que estar dos meses ahorrando para ello), parece que no puede vestir con ropa elegante (independientemente de que haya sido comprada en Zara), parece que no puede tener un piso en propiedad (independientemente de que sea heredado), parece que no puede tener dinero en el banco (independientemente de que ese dinero sea fruto del pluriempleo)... En definitiva, estoy enfadada porque parece que la gente de izquierdas, para poder serlo, ha de estar sumida en la indigencia.
Estoy enfadada porque, en el fondo, por más que trabajo e intento "currármelo", soy una muerta de hambre, y vosotros, españoles de derechas de a pie, que sois unos muertos de hambre exactamente igual que yo (porque en estos tiempos hay pocos que no lo sean), veis normal quedaros en casa viendo la tele en lugar de salir a la calle a quejaros, justificáis que estén minando el Estado de Bienestar para "mantener" el Estado de Bienestar, pensáis que España es una gran nación (cuando vive en retraso social desde 1640), culpáis a Zapatero de la actual situación de España (obviando la burbuja inmobiliaria propiciada por el PP, la coyuntura mundial, los abusos de la banca y las corruptelas de los Gobiernos autonómicos) y os creéis lo que dicen los periódicos y canales de televisión que utilizan la "desafección" de la izquierda como único mal social existente.
Estoy enfadada porque no hay nada más ilógico que un obrero de derechas, y en España el 64% de los ciudadanos no llega a fin de mes, pero el Partido Popular gobierna con mayoría absoluta en el Congreso.
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martes, 6 de marzo de 2012
lunes, 6 de febrero de 2012
La derecha que barre Europa
Finlandia se suma a países europeos que buscan superar la crisis con las recetas de la derecha. Perdemos la cuenta, el azul tiñe Europa con mayorías aplastantes y la dualidad queda extenuada, invisible, inapreciable. Los votantes desconfían de la izquierda, y la extrema derecha va ganando terreno cada día.
Problemas como la inmigración, el paro, la inseguridad ciudadana y el miedo al futuro incierto restablecen los gobiernos del orden y la economía como elementos principales. Ya pasó a principios del siglo XX, tras la dura recesión que provocó el Crash de 1929, pero las diferencias entre aquella derecha y la de ahora hacen temer un retorno de la clase trabajadora a niveles decimonónicos, e incluso dieciochescos.
El gobierno que provocó la mayor hecatombe humanitaria de la historia, aquel cuyo icono era la cruz gamada que masacró a millones de ciudadanos, tenía una clara diferencia con los actuales gobiernos de derecha: aunque basado en el sesgo racial, era socialista.
No quisiera apologizar sobre el socialismo, no sé si será la forma efectiva para salir de la crisis, pero me temo que la receta austera de la derecha no nos llevará al crecimiento, y aunque hay muchos economistas que cada vez son más favorables a tomar otro tipo de políticas, de momento nadie decide hacerles caso.
Se tiende a la generalización de que la derecha es más efectiva en materia económica, y la izquierda es más efectiva en materia social, y siendo ahora urgente la dinamización económica, el elector prioriza y vota a la derecha. Sin embargo, me pregunto hasta dónde la derecha es efectiva en lo que a economía se refiere, porque aun siendo la mejor al establecer la macroeconomía en niveles altísimos, la economía familiar se resiente año tras año, y al fin y al cabo es esa economía familiar la que habría de importar al votante.
¿De qué me sirve a mí que España sea la octava economía mundial en 2007, si se consigue gracias a una burbuja inmobiliaria y a una precariedad laboral que nos lleva a tener la mayor tasa de desempleo de la historia cuatro años después? ¿De qué me sirve a mí que en 2008 se elogie a la banca española y se diga que es el sistema financiero más solvente de Europa, si tres años después se tienen que inyectar más de 8.000 millones de euros públicos para salvar a las cajas -y que sus directivos sigan cobrando millonadas mientras desahucian a las familias? ¿De qué me sirve a mí que gane la derecha, si consigue cifras macroeconómicas fabulosas pero la diferencia entre clases se incrementa año tras año?
No nos fijemos en el posicionamiento de España respecto a la economía global, fijémonos en calidad de vida y en poder adquisitivo individual. Sin pretensión de ser maleducada, me importa un pito que Amancio Ortega sea de los empresarios más potentes del mundo, y me importa un pito que Emilio Botín presida un banco ejemplar. De hecho, me importa un pito que el club de Monti, Merkel, Rajoy, Sarkozy y compañía consigan situar al euro como la moneda más fuerte del mundo. A mí lo que importa es que los impuestos suben, las pensiones bajan, los sueldos se reducen a causa del incremento de IRPF, las hipotecas siguen por las nubes y conseguir un crédito es imposible, me importa que quieran privatizar el agua y hacer negocio de un derecho fundamental, y me importa que las eléctricas estén presionando para subir el precio de la luz.
A mí me importa un rábano quién gobierne o no, porque lo del mismo perro con distinto collar empieza a estar más que demostrado, por mucho que se etiquete a los gobiernos de derecha o de izquierda -y porque la izquierda cada vez está más lejos de la izquierda-. Pero he de decir que me preocupa que Europa esté llegando a la unanimidad ideológica respecto a cómo salir de la crisis, porque al final todo lo rige la macroeconomía, y en vez de inyectar dinero a las familias se inyecta a los bancos, esos que están precarizando la calidad de vida de las familias. Y me preocupa que esta derecha que barre Europa en la urnas se preocupe más de ayudar a las grandes empresas para inflar las cifras globales que ayudar a las pequeñas familias que son las que conforman los países.
Se supone que un Gobierno lo es de la ciudadanía, no de la economía, pero a nivel global se valora más que la economía esté bien a que lo estén sus ciudadanos. Da lo mismo que haya cinco millones de parados mientras no baje el Ibex, y da lo mismo que la diferencia entre ricos y pobres se agrande mientras se incremente el PIB nacional, da lo mismo que los parados no tengan prestación sanitaria, lo importante es alcanzar el déficit previsto, y da lo mismo que la ciudadanía esté saliendo a la calle a quejarse por los recortes, la mayoría absoluta otorgada en las urnas les da legitimidad para hacer lo que les dé la gana, sea en beneficio del pueblo o de las empresas.
Problemas como la inmigración, el paro, la inseguridad ciudadana y el miedo al futuro incierto restablecen los gobiernos del orden y la economía como elementos principales. Ya pasó a principios del siglo XX, tras la dura recesión que provocó el Crash de 1929, pero las diferencias entre aquella derecha y la de ahora hacen temer un retorno de la clase trabajadora a niveles decimonónicos, e incluso dieciochescos.
El gobierno que provocó la mayor hecatombe humanitaria de la historia, aquel cuyo icono era la cruz gamada que masacró a millones de ciudadanos, tenía una clara diferencia con los actuales gobiernos de derecha: aunque basado en el sesgo racial, era socialista.
No quisiera apologizar sobre el socialismo, no sé si será la forma efectiva para salir de la crisis, pero me temo que la receta austera de la derecha no nos llevará al crecimiento, y aunque hay muchos economistas que cada vez son más favorables a tomar otro tipo de políticas, de momento nadie decide hacerles caso.
Se tiende a la generalización de que la derecha es más efectiva en materia económica, y la izquierda es más efectiva en materia social, y siendo ahora urgente la dinamización económica, el elector prioriza y vota a la derecha. Sin embargo, me pregunto hasta dónde la derecha es efectiva en lo que a economía se refiere, porque aun siendo la mejor al establecer la macroeconomía en niveles altísimos, la economía familiar se resiente año tras año, y al fin y al cabo es esa economía familiar la que habría de importar al votante.
¿De qué me sirve a mí que España sea la octava economía mundial en 2007, si se consigue gracias a una burbuja inmobiliaria y a una precariedad laboral que nos lleva a tener la mayor tasa de desempleo de la historia cuatro años después? ¿De qué me sirve a mí que en 2008 se elogie a la banca española y se diga que es el sistema financiero más solvente de Europa, si tres años después se tienen que inyectar más de 8.000 millones de euros públicos para salvar a las cajas -y que sus directivos sigan cobrando millonadas mientras desahucian a las familias? ¿De qué me sirve a mí que gane la derecha, si consigue cifras macroeconómicas fabulosas pero la diferencia entre clases se incrementa año tras año?
No nos fijemos en el posicionamiento de España respecto a la economía global, fijémonos en calidad de vida y en poder adquisitivo individual. Sin pretensión de ser maleducada, me importa un pito que Amancio Ortega sea de los empresarios más potentes del mundo, y me importa un pito que Emilio Botín presida un banco ejemplar. De hecho, me importa un pito que el club de Monti, Merkel, Rajoy, Sarkozy y compañía consigan situar al euro como la moneda más fuerte del mundo. A mí lo que importa es que los impuestos suben, las pensiones bajan, los sueldos se reducen a causa del incremento de IRPF, las hipotecas siguen por las nubes y conseguir un crédito es imposible, me importa que quieran privatizar el agua y hacer negocio de un derecho fundamental, y me importa que las eléctricas estén presionando para subir el precio de la luz.
A mí me importa un rábano quién gobierne o no, porque lo del mismo perro con distinto collar empieza a estar más que demostrado, por mucho que se etiquete a los gobiernos de derecha o de izquierda -y porque la izquierda cada vez está más lejos de la izquierda-. Pero he de decir que me preocupa que Europa esté llegando a la unanimidad ideológica respecto a cómo salir de la crisis, porque al final todo lo rige la macroeconomía, y en vez de inyectar dinero a las familias se inyecta a los bancos, esos que están precarizando la calidad de vida de las familias. Y me preocupa que esta derecha que barre Europa en la urnas se preocupe más de ayudar a las grandes empresas para inflar las cifras globales que ayudar a las pequeñas familias que son las que conforman los países.
Se supone que un Gobierno lo es de la ciudadanía, no de la economía, pero a nivel global se valora más que la economía esté bien a que lo estén sus ciudadanos. Da lo mismo que haya cinco millones de parados mientras no baje el Ibex, y da lo mismo que la diferencia entre ricos y pobres se agrande mientras se incremente el PIB nacional, da lo mismo que los parados no tengan prestación sanitaria, lo importante es alcanzar el déficit previsto, y da lo mismo que la ciudadanía esté saliendo a la calle a quejarse por los recortes, la mayoría absoluta otorgada en las urnas les da legitimidad para hacer lo que les dé la gana, sea en beneficio del pueblo o de las empresas.
lunes, 9 de enero de 2012
El público lector necesita Público
Desde septiembre de 2007, momento en que el diario Público salió a la calle, he tenido varias fases en mi relación con ese periódico. Al principio lo acogí con entusiasmo, al fin un periódico de izquierdas dentro del panorama periodístico español, justo cuando El País empezaba a dar un "incomprensible" giro hacia la derecha en lo que a política internacional respecta ("incomprensible" hasta el momento de conocer que ese giro venía dado por el nuevo accionariado que a través de diferentes vericuetos inversionistas se hacía con el poder de Prisa). Después, he de reconocer, taché Público de demasiado radical. Pensaba que era diferente ser de izquierdas que ser colérico, feroz y crítico hasta con el más mínimo detalle.
Pero después de dio por interesarme de verdad por la política y la economía. Me dio por constatar a través de cifras, me dio por leer las noticias en diferentes medios para contrastar y ver las diferentes opciones informacionales, me dio por estudiar un poquito de teoría política y de teoría económica, y me dio por contextualizar a través de la historia lo que pasa a diario (siempre dentro de una perspectiva amateur, pues mucho, lo que se dice mucho, no sé de nada). Y en el momento en que empecé a entender un poco lo que leía, me volví más radical, y volví a abrazar a Público.
Volví a abrazar que un medio nacional ofreciera las noticias desde una perspectiva diferente, volví a abrazar que lo que se denomina "comunicación de masas" fuese a la vez "prensa alternativa", volví a abrazar que un periódico del siglo XXI tuviese la actitud que tenían los de los años ´30: la verdadera actitud de la prensa, la voluntad de cambio, la defensa de derechos, la lucha por la consecución de mejoras, la voz crítica y la esperanza por algo mejor. Suena demagógico, lo sé, pero es que lo siento cierto. Y ya lo he dicho, cuanto más me informo, más radical me vuelvo.
Hoy he hecho un recorrido por los periódicos nacionales, y he leído lo de siempre. Periódicos económicos que lejos de ser socialdemócratas keynesianos van de la mano de las teorías del beneficio de Milton Friedman, y periódicos de información general que contienen auténticas arcadas con forma de noticia.
El Mundo y ABC, que apenas hablan de las corruptelas del PP, editorializan sobre la trama socialista en Andalucía. La Razón coloca a Báñez en primera plana para primar su postura frente a la que puedan tener los agentes sociales en materia laboral. Cinco Días defiende que el contribuyente medio tribute lo mismo que una multinacional. El Economista que augura sobre el Fondo de Reserva y se muestra comprensivo con la posibilidad de que el año que viene no se puedan pagar las pensiones. Eso hoy, pero es así todos los días. Y periódicos como La Gaceta que no me atrevo ni a mirar.
La derecha controla las autonomías, controla el Gobierno central, controla las empresas y controla las supuestas directrices que ha de tomar la fe. Con la desaparición de Público, la derecha controlaría también la práctica totalidad de la prensa convencional, y es eso lo que no debemos permitir. Sería imperdonable ver cómo se esquilma la única posibilidad de expresión que tiene alcance real y no hacer nada, repito: imperdonable. Si nos quitan lo único que nos queda, la voz, que es la bidireccionalidad informativa que legitima la democracia (en la que debe haber hueco para la pluralidad ideológica), nos quitarán la democracia misma, y ya vivimos en un país con una democracia lo suficientemente debilitada como para andar jugando con ella.
#porquePúblicohacefalta
Pero después de dio por interesarme de verdad por la política y la economía. Me dio por constatar a través de cifras, me dio por leer las noticias en diferentes medios para contrastar y ver las diferentes opciones informacionales, me dio por estudiar un poquito de teoría política y de teoría económica, y me dio por contextualizar a través de la historia lo que pasa a diario (siempre dentro de una perspectiva amateur, pues mucho, lo que se dice mucho, no sé de nada). Y en el momento en que empecé a entender un poco lo que leía, me volví más radical, y volví a abrazar a Público.
Volví a abrazar que un medio nacional ofreciera las noticias desde una perspectiva diferente, volví a abrazar que lo que se denomina "comunicación de masas" fuese a la vez "prensa alternativa", volví a abrazar que un periódico del siglo XXI tuviese la actitud que tenían los de los años ´30: la verdadera actitud de la prensa, la voluntad de cambio, la defensa de derechos, la lucha por la consecución de mejoras, la voz crítica y la esperanza por algo mejor. Suena demagógico, lo sé, pero es que lo siento cierto. Y ya lo he dicho, cuanto más me informo, más radical me vuelvo.
Hoy he hecho un recorrido por los periódicos nacionales, y he leído lo de siempre. Periódicos económicos que lejos de ser socialdemócratas keynesianos van de la mano de las teorías del beneficio de Milton Friedman, y periódicos de información general que contienen auténticas arcadas con forma de noticia.
El Mundo y ABC, que apenas hablan de las corruptelas del PP, editorializan sobre la trama socialista en Andalucía. La Razón coloca a Báñez en primera plana para primar su postura frente a la que puedan tener los agentes sociales en materia laboral. Cinco Días defiende que el contribuyente medio tribute lo mismo que una multinacional. El Economista que augura sobre el Fondo de Reserva y se muestra comprensivo con la posibilidad de que el año que viene no se puedan pagar las pensiones. Eso hoy, pero es así todos los días. Y periódicos como La Gaceta que no me atrevo ni a mirar.
La derecha controla las autonomías, controla el Gobierno central, controla las empresas y controla las supuestas directrices que ha de tomar la fe. Con la desaparición de Público, la derecha controlaría también la práctica totalidad de la prensa convencional, y es eso lo que no debemos permitir. Sería imperdonable ver cómo se esquilma la única posibilidad de expresión que tiene alcance real y no hacer nada, repito: imperdonable. Si nos quitan lo único que nos queda, la voz, que es la bidireccionalidad informativa que legitima la democracia (en la que debe haber hueco para la pluralidad ideológica), nos quitarán la democracia misma, y ya vivimos en un país con una democracia lo suficientemente debilitada como para andar jugando con ella.
#porquePúblicohacefalta
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