A principios de la semana pasada leí que Arantza Quiroga, la líder del PP en País Vasco, pretende "condicionar desde dentro" el plan de paz para Euzkadi, y con estas palabras lo que quería decir realmente es que no se va a avanzar en el proceso de paz mientras ETA no acepte incondicionalmente las propuestas del Gobierno.
Un par de semanas antes había dicho el PNV que ETA debería entregar las armas al pueblo vasco en un "acto simbólico de nunca más", pero en la prensa de Madrid (El País, El Mundo, La Razón, ABC...) las palabras "acto simbólico de nunca más" no aparecieron, sino que la noticia rezaba algo así como que el PNV pedía que ETA entregase las armas al Parlamento Vasco. Y esta semana TVE ha atribuido los atentados del 11-M a la banda terrorista ETA, sin mencionar la autoría de grupos yihadistas.
Desde que ETA anunciase el cese definitivo de la violencia y, semanas después, el Partido Popular se hiciera con el Gobierno de España, los pasos dados en el camino hacia la paz y la convivencia han sido más bien exiguos. Nos encontramos ante una situación en la que la ciudadanía anhela normalizar una realidad, los exterroristas quieren abrir el paso hacia la negociación política y, en su empeño por mostrar un enemigo común para así disimular sus propias carencias, el Gobierno eterniza un proceso que no llega.
Independientemente de las razones argüidas por el Partido Popular para mantener sus fantasmas sobre la incertidumbre del proceso de paz, el primer paso que ha de darse para culminar una transición democrática es la entrega de las armas, y desde enero está esperando ETA a que el Gobierno le diga cómo, pero parece ser que Rajoy tiene proyectos más importantes que avanzar en la armonía de Euskal Herria.
La única lectura lógica que se me ocurre de todo esto es que el PP pretende seguir alimentando fantasmas para desviar la atención de lo que realmente importa, es decir, el desmantelamiento del Estado de Bienestar en España y la privatización masiva de servicios públicos, así como la inoperancia ante la crisis y la inexistencia de alternativas factibles que ayuden a los ciudadanos a superar las vacas flacas. Supongo que la estrategia popular es engordar el imaginario de un malo malísimo que lucha contra España para así potenciar el patriotismo equívoco de unidad centralista.
Desde luego, la libertad de expresión y de opinión es una máxima en los derechos humanos, y si los populares creen en la colaboración de ETA en los crímenes del 11-M, allá ellos. Lo realmente vergonzoso es que, después de un juicio con su correspondiente investigación y sentencia en firme en que se desvincula a esta banda terrorista de los atentados, el ideario fascista del PP se plasme en la televisión pública hasta el punto de inculpar en exclusiva a ETA, sin citar siquiera a las organizaciones islámicas. Supongo que habrá gente que se lo crea, pero también existimos los que creemos que esto es un flagrante delito de abuso de autoridad, injurias, calumnias y, especialmente, televisivo terrorismo de Estado.
martes, 2 de julio de 2013
lunes, 10 de junio de 2013
Inmunidad policial
Imagine que su hermano le envía por correo un tratamiento homeopático para su mielitis idiopática (una lesión de la médula espinal).
Imagine que la Vigilancia Aduanera, por un error o por pura incompetencia, confunde la sustancia homeopática con heroína y le detiene por "tráfico de drogas y contrabando".
Imagine que, después de que el juez alegue que eso es heroína "porque de ser homeopatía podría adquirirlo en España", le dejen en libertad con cargos y sin pasaporte después de varias horas en el calabozo.
Imagine que, debido a no tener pasaporte, pierda un viaje a Uruguay para ver a su familia.
Imagine que la prensa de la región airee, gracias a las fuentes policiales, que "se interceptan 220 gramos de heroína camuflada en medicamentos homeopáticos".
Imagine que la familia de su cónyuge, sin consultar con su propia opinión, decida hacerle el vacío debido a las noticias de la prensa.
Imagine que los resultados toxicológicos se demoren más de 3 meses para acabar corroborarndo una ausencia total de heroína en sus pertenencias. Es decir, imagine el tiempo total que está usted sin su tratamiento para la mielitis idiopática (una afección que le dificulta el caminar).
Imagine que tres años después aún no ha conseguido que la policía borre su ficha de pseudo delincuente.
Imagine que tres años después de este calvario aún necesita de tratamiento psicológico.
Imagine que la única respuesta que obtiene del responsable de tamaño error sea "eso te pasa por traer medicación de Uruguay".
Imagine que el Consejo General de Poder Judicial desestime su solicitud de reparación por el daño sufrido.
Ahora, imagine que vive usted en una democracia consolidada, en un Estado de Derecho, ¿le parecería posible que estos hechos fueran veraces? ¿Cree admisible que la única solución ante tal afrenta sea inculparle a usted mismo por importar medicamentos? Parece ser que sí, que si usted es víctima de un error policial nadie ha de responsabilizarse, parece que los cuerpos de seguridad del Estado gozan de una inmunidad que, por cierto, no está recogida en la Constitución. Estado de Derecho inconstitucional, extraño país en el que vivimos.
Imagine que la Vigilancia Aduanera, por un error o por pura incompetencia, confunde la sustancia homeopática con heroína y le detiene por "tráfico de drogas y contrabando".
Imagine que, después de que el juez alegue que eso es heroína "porque de ser homeopatía podría adquirirlo en España", le dejen en libertad con cargos y sin pasaporte después de varias horas en el calabozo.
Imagine que, debido a no tener pasaporte, pierda un viaje a Uruguay para ver a su familia.
Imagine que la prensa de la región airee, gracias a las fuentes policiales, que "se interceptan 220 gramos de heroína camuflada en medicamentos homeopáticos".
Imagine que la familia de su cónyuge, sin consultar con su propia opinión, decida hacerle el vacío debido a las noticias de la prensa.
Imagine que los resultados toxicológicos se demoren más de 3 meses para acabar corroborarndo una ausencia total de heroína en sus pertenencias. Es decir, imagine el tiempo total que está usted sin su tratamiento para la mielitis idiopática (una afección que le dificulta el caminar).
Imagine que tres años después aún no ha conseguido que la policía borre su ficha de pseudo delincuente.
Imagine que tres años después de este calvario aún necesita de tratamiento psicológico.
Imagine que la única respuesta que obtiene del responsable de tamaño error sea "eso te pasa por traer medicación de Uruguay".
Imagine que el Consejo General de Poder Judicial desestime su solicitud de reparación por el daño sufrido.
Ahora, imagine que vive usted en una democracia consolidada, en un Estado de Derecho, ¿le parecería posible que estos hechos fueran veraces? ¿Cree admisible que la única solución ante tal afrenta sea inculparle a usted mismo por importar medicamentos? Parece ser que sí, que si usted es víctima de un error policial nadie ha de responsabilizarse, parece que los cuerpos de seguridad del Estado gozan de una inmunidad que, por cierto, no está recogida en la Constitución. Estado de Derecho inconstitucional, extraño país en el que vivimos.
lunes, 13 de mayo de 2013
Génesis del #15M
Se acerca el segundo aniversario del movimiento 15-M, y muchas son las valoraciones que de este bienio se publican estos días. Para sus detractores, ha perdido fuerza y se ha desvirtuado una iniciativa con alguna que otra idea buena pero un mal encauzamiento; para sus defensores, continúa un camino empedrado de obstáculos que ha ido consiguiendo alguna que otra meta.
Recuerdo nítidamente los días precedentes a aquel 15 de mayo de 2011, y recuerdo nítidamente los días posteriores. Algo más de un mes antes, el 7 de abril, Juventud Sin Futuro había convocado una manifestación cuyo lema principal era "Sin casa, sin curro, sin pensión, SIN MIEDO". Asistimos varios miles, y para lo que hasta entonces solían ser las protestas callejeras, podría decirse que estuvo muy concurrida. Como había sido jueves, la convocatoria para la manifestación del 15 de mayo, domingo, se planteaba con ilusión y con ganas, con la esperanza de copar las calles de Madrid gritando que este sistema cercenaba el futuro de muchos jóvenes, y que los jóvenes no estábamos de acuerdo.
La tarde del 15 de mayo de 2011 hacía un calor asfixiante, coleteaba la primavera dejando atisbar lo que iba a ser un caluroso verano de gran calado social. El ambiente era festivo, jovial, y los más sorprendente: muy, muy concurrido. La desesperanza que generaba el paro, la sobrecualificación laboral, la imposibilidad hipotecaria, el futuro limitado y todas las situaciones habituales que generaron la protesta, fue sustituida por la ilusión de quien cree estar haciendo algo grande, de quien sueña con ver más allá de las paredes sistémicas con las que se chocan nuestros anhelos, de quien es consciente de que esta sodomización institucional es colectiva.
Después de la marcha y la lectura del manifiesto, muchos de nosotros decidimos sentarnos en Sol a echar un rato. Recuerdo cómo vimos correr a una multitud calle Montera abajo, recuerdo el ruido de las pelotas de goma, recuerdo el pánico inexplicable que provocaron las fuerzas de seguridad del Estado en un día jovial y festivo. Recuerdo el moratón que tenía Aida en la pierna por una pelota de goma, recuerdo que Yoanna fue a la manifestación a hacer unas fotos para un trabajo (estudiaba periodismo) y que se despertó en un hospital con un porrazo en la cabeza... Se estaba metiendo al metro para irse a casa pero la policía pasaba por ahí. También recuerdo cómo, ante la incomprensión de la reacción desmedida que tuvieron los antidisturbios, hubo personas que decidieron quedarse en Sol a modo de protesta.
Recuerdo las imágenes de cómo les echaron de madrugada, recuerdo que volvieron, y que reiteraron su expulsión efectuándose alguna detención. Recuerdo cómo las redes sociales difundieron una concentración en Sol para el martes 17 de mayo, en solidaridad con los acampados frustrados, y recuerdo que cifraron la asistencia en unas 15.000 personas. Yo diría que el verdadero movimiento 15-M nació ese martes, cuando la gran multitud allí aglomerada se sorprendió, incluso, de ser tan multitudinaria, cuando realmente hervía el sentimiento de poder cambiar las cosas, de que era posible acelerar el rumbo de una revolución pacífica que hiciera real lo que nos estaban robando: el Estado de bienestar.
La gente empezó a organizarse, se crearon comisiones, los acampados se multiplicaron y los simpatizantes que no llegamos a acampar íbamos a Sol todas las tardes, así como un sinfín de personas de todas las edades que se acercaban para decir cosas como: "enhorabuena, yo no confiaba en la juventud y me habéis sorprendido", o "esto es el comienzo, esto es el comienzo". La fecha clave era el viernes 20 de mayo: a las 24:00 horas comenzaría la jornada de reflexión previa a las elecciones autonómicas del 22 de mayo de 2011, y cualquier propaganda o consigna política se consideraba ilegal en dicha jornada. Sin embargo, había convocada una concentración para esa hora, lo que suponía un órdago en toda regla al ministerio del Interior y a la Delegación del Gobierno de Madrid. La expectación era máxima.
Llegó el viernes, pasó la tarde -con más movimiento que los días anteriores- sin ningún altercado, cayó la noche y cada vez éramos más los allí reunidos. Se hicieron las 00:00, y de repente un silencio atronador barrió de punta a punta la Puerta del Sol de Madrid. Dicen que estábamos unas 30.000 personas, y yo, testigo, aseguro que todas estábamos en silencio, con las manos en alto moviendo las palmas en señal de protesta. Mis lágrimas de emoción no impidieron que vislumbrase muchas más lágrimas de emoción, el sentimiento que allí vivimos muchos es indescriptible, la sensación de estar cambiando el rumbo de un país era real.
Sin embargo, los críticos al movimiento no tardaron en aparecer, las marionetas del sistema no tardaron en acusar, los medios de comunicación lacayos no tardaron en difamar, las fuerzas de seguridad no tardaron en agredir, los partidos políticos no tardaron en sentir el miedo de la ciudadanía y, en definitiva, sobre el movimiento 15-M cayó la losa de la injuria y la descripción cobarde del que ve peligrar su estatus: de los miles de jóvenes que estuvimos allí protestando, de los miles de jóvenes que apoyaron esas protestas a lo largo de toda la geografía española y alrededor de todo el Mundo, se convirtió -mediáticamente- al 15-M en un movimiento sectario de perroflautas, piojosos y muertos de hambre.
Ahora, dos años después, se intenta deslegitimar al 15-M diciendo que no ha conseguido hacer nada en todo este tiempo. Independientemente de los logros constatables que se han alcanzado, no se debe olvidar lo más importante: el 15-M sembró el germen de la protesta ciudadana, el 15-M ayudó a perder el miedo, el 15-M recordó que democracia significa que el pueblo es soberano y, en definitiva, el 15-M abrió el camino para comprender que esto no es una crisis, es una estafa.
Recuerdo nítidamente los días precedentes a aquel 15 de mayo de 2011, y recuerdo nítidamente los días posteriores. Algo más de un mes antes, el 7 de abril, Juventud Sin Futuro había convocado una manifestación cuyo lema principal era "Sin casa, sin curro, sin pensión, SIN MIEDO". Asistimos varios miles, y para lo que hasta entonces solían ser las protestas callejeras, podría decirse que estuvo muy concurrida. Como había sido jueves, la convocatoria para la manifestación del 15 de mayo, domingo, se planteaba con ilusión y con ganas, con la esperanza de copar las calles de Madrid gritando que este sistema cercenaba el futuro de muchos jóvenes, y que los jóvenes no estábamos de acuerdo.
La tarde del 15 de mayo de 2011 hacía un calor asfixiante, coleteaba la primavera dejando atisbar lo que iba a ser un caluroso verano de gran calado social. El ambiente era festivo, jovial, y los más sorprendente: muy, muy concurrido. La desesperanza que generaba el paro, la sobrecualificación laboral, la imposibilidad hipotecaria, el futuro limitado y todas las situaciones habituales que generaron la protesta, fue sustituida por la ilusión de quien cree estar haciendo algo grande, de quien sueña con ver más allá de las paredes sistémicas con las que se chocan nuestros anhelos, de quien es consciente de que esta sodomización institucional es colectiva.
Después de la marcha y la lectura del manifiesto, muchos de nosotros decidimos sentarnos en Sol a echar un rato. Recuerdo cómo vimos correr a una multitud calle Montera abajo, recuerdo el ruido de las pelotas de goma, recuerdo el pánico inexplicable que provocaron las fuerzas de seguridad del Estado en un día jovial y festivo. Recuerdo el moratón que tenía Aida en la pierna por una pelota de goma, recuerdo que Yoanna fue a la manifestación a hacer unas fotos para un trabajo (estudiaba periodismo) y que se despertó en un hospital con un porrazo en la cabeza... Se estaba metiendo al metro para irse a casa pero la policía pasaba por ahí. También recuerdo cómo, ante la incomprensión de la reacción desmedida que tuvieron los antidisturbios, hubo personas que decidieron quedarse en Sol a modo de protesta.
Recuerdo las imágenes de cómo les echaron de madrugada, recuerdo que volvieron, y que reiteraron su expulsión efectuándose alguna detención. Recuerdo cómo las redes sociales difundieron una concentración en Sol para el martes 17 de mayo, en solidaridad con los acampados frustrados, y recuerdo que cifraron la asistencia en unas 15.000 personas. Yo diría que el verdadero movimiento 15-M nació ese martes, cuando la gran multitud allí aglomerada se sorprendió, incluso, de ser tan multitudinaria, cuando realmente hervía el sentimiento de poder cambiar las cosas, de que era posible acelerar el rumbo de una revolución pacífica que hiciera real lo que nos estaban robando: el Estado de bienestar.
La gente empezó a organizarse, se crearon comisiones, los acampados se multiplicaron y los simpatizantes que no llegamos a acampar íbamos a Sol todas las tardes, así como un sinfín de personas de todas las edades que se acercaban para decir cosas como: "enhorabuena, yo no confiaba en la juventud y me habéis sorprendido", o "esto es el comienzo, esto es el comienzo". La fecha clave era el viernes 20 de mayo: a las 24:00 horas comenzaría la jornada de reflexión previa a las elecciones autonómicas del 22 de mayo de 2011, y cualquier propaganda o consigna política se consideraba ilegal en dicha jornada. Sin embargo, había convocada una concentración para esa hora, lo que suponía un órdago en toda regla al ministerio del Interior y a la Delegación del Gobierno de Madrid. La expectación era máxima.
Llegó el viernes, pasó la tarde -con más movimiento que los días anteriores- sin ningún altercado, cayó la noche y cada vez éramos más los allí reunidos. Se hicieron las 00:00, y de repente un silencio atronador barrió de punta a punta la Puerta del Sol de Madrid. Dicen que estábamos unas 30.000 personas, y yo, testigo, aseguro que todas estábamos en silencio, con las manos en alto moviendo las palmas en señal de protesta. Mis lágrimas de emoción no impidieron que vislumbrase muchas más lágrimas de emoción, el sentimiento que allí vivimos muchos es indescriptible, la sensación de estar cambiando el rumbo de un país era real.
Sin embargo, los críticos al movimiento no tardaron en aparecer, las marionetas del sistema no tardaron en acusar, los medios de comunicación lacayos no tardaron en difamar, las fuerzas de seguridad no tardaron en agredir, los partidos políticos no tardaron en sentir el miedo de la ciudadanía y, en definitiva, sobre el movimiento 15-M cayó la losa de la injuria y la descripción cobarde del que ve peligrar su estatus: de los miles de jóvenes que estuvimos allí protestando, de los miles de jóvenes que apoyaron esas protestas a lo largo de toda la geografía española y alrededor de todo el Mundo, se convirtió -mediáticamente- al 15-M en un movimiento sectario de perroflautas, piojosos y muertos de hambre.
Ahora, dos años después, se intenta deslegitimar al 15-M diciendo que no ha conseguido hacer nada en todo este tiempo. Independientemente de los logros constatables que se han alcanzado, no se debe olvidar lo más importante: el 15-M sembró el germen de la protesta ciudadana, el 15-M ayudó a perder el miedo, el 15-M recordó que democracia significa que el pueblo es soberano y, en definitiva, el 15-M abrió el camino para comprender que esto no es una crisis, es una estafa.
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miércoles, 1 de mayo de 2013
Del Día del Trabajador al Día del Trabajo
Hoy, 1 de mayo, es el día Internacional de los Trabajadores. La festividad de este día se consiguió tras mucha lucha a partir de la Segunda Internacional Socialista, celebrada en París en 1889, cuando el movimiento obrero escalaba a nivel mundial y el reconocimiento de los derechos laborales comenzaba a ser imparable, cuando el proletariado decidió conmemorar en una fecha definida el trabajo diario que levantaba la economía de los países.
Hoy, 1 de mayo de 2013, el primer Trending Topic de Twitter ha sido "Feliz Día del Trabajo", el doodle de Google está dedicado a "el día del trabajo", y en los periódicos de tirada nacional se escribe sobre las manifestaciones del Primero de Mayo, día Internacional del Trabajo.
El Primero de Mayo ha pasado de llamarse día del trabajador a llamarse día del trabajo, y en este giro lingüístico se logran atisbar los ocultos intereses doctrinarios mediáticos, que esconden la trivialización del sudor de la frente y la banalización de una clase social, que otorgan insustancialidad a una fecha que más allá de representar una festividad, debería solemnizar el esfuerzo cotidiano que consigue levantar la economía mundial día tras día.
Decía Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda de la Alemania nazi, que "una mentira repetida mil veces se convierte en verdad". Aunque no en el extremo que él situaba la frase, hay que reconocer que no le falta parte de razón: "una inexactitud repetida mil veces podría convertirse en una verdad". Así pues, o comenzamos a prestar atención a las palabras que definen nuestras festividades, o el Primero de Mayo acabará conmemorando a un ente abstruso que no representa a ningún colectivo social, que no solemniza a ningún esfuerzo diario, que no homenajea a ningún trabajador.
La instauración del Día de los Trabajadores en el día 1 de mayo no es algo trivial: se impuso para reconocer la lucha que unos 200.000 obreros llevaron a cabo el Primero de Mayo de 1886 en Chicago, lucha que vestida de huelga consiguió el reconocimiento de la jornada laboral de 8 horas.
Ahora es, quizás, el momento de reflexionar sobre esas personas que no tienen una jornada laboral de 8 horas, sobre las que hacen horas extras no remuneradas, o sobre las que a veces doblan ese límite legal sin ni siquiera derecho a réplica. Y después de confirmar que, en la actualidad, hay muchas personas que ya no saben lo que significa la jornada laboral de 8 horas (conquista social que se conmemora el Primero de Mayo), deberíamos detenernos en pensar que ya ni siquiera celebramos el Día del Trabajador, sino que celebramos el Día del Trabajo. ¿No habrá, de alguna manera, cierta conexión entre ambos hechos? Es para meditarlo.
Hoy, 1 de mayo de 2013, el primer Trending Topic de Twitter ha sido "Feliz Día del Trabajo", el doodle de Google está dedicado a "el día del trabajo", y en los periódicos de tirada nacional se escribe sobre las manifestaciones del Primero de Mayo, día Internacional del Trabajo.
El Primero de Mayo ha pasado de llamarse día del trabajador a llamarse día del trabajo, y en este giro lingüístico se logran atisbar los ocultos intereses doctrinarios mediáticos, que esconden la trivialización del sudor de la frente y la banalización de una clase social, que otorgan insustancialidad a una fecha que más allá de representar una festividad, debería solemnizar el esfuerzo cotidiano que consigue levantar la economía mundial día tras día.
Decía Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda de la Alemania nazi, que "una mentira repetida mil veces se convierte en verdad". Aunque no en el extremo que él situaba la frase, hay que reconocer que no le falta parte de razón: "una inexactitud repetida mil veces podría convertirse en una verdad". Así pues, o comenzamos a prestar atención a las palabras que definen nuestras festividades, o el Primero de Mayo acabará conmemorando a un ente abstruso que no representa a ningún colectivo social, que no solemniza a ningún esfuerzo diario, que no homenajea a ningún trabajador.
La instauración del Día de los Trabajadores en el día 1 de mayo no es algo trivial: se impuso para reconocer la lucha que unos 200.000 obreros llevaron a cabo el Primero de Mayo de 1886 en Chicago, lucha que vestida de huelga consiguió el reconocimiento de la jornada laboral de 8 horas.
Ahora es, quizás, el momento de reflexionar sobre esas personas que no tienen una jornada laboral de 8 horas, sobre las que hacen horas extras no remuneradas, o sobre las que a veces doblan ese límite legal sin ni siquiera derecho a réplica. Y después de confirmar que, en la actualidad, hay muchas personas que ya no saben lo que significa la jornada laboral de 8 horas (conquista social que se conmemora el Primero de Mayo), deberíamos detenernos en pensar que ya ni siquiera celebramos el Día del Trabajador, sino que celebramos el Día del Trabajo. ¿No habrá, de alguna manera, cierta conexión entre ambos hechos? Es para meditarlo.
martes, 30 de abril de 2013
Me duele España
Vivo en un país donde más del 50% de los jóvenes no han encontrado su primer empleo, donde casi el 30% de la gente que quiere trabajar no puede, y donde mucha gente que encuentra empleo lo hace en la economía sumergida (es decir, sin garantías sociales o sanitarias).
Vivo en un país donde el antiguo presidente de la patronal está imputado por chanchullear con sus empresas, donde el actual vicepresidente está siendo investigado por (presuntamente, siempre presuntamente) pagar a sus trabajadores en negro -es decir, al margen de la ley y de la Seguridad Social- y donde el actual presidente quiere limitar el derecho a huelga. Vivo en un país donde los trabajadores se quejan más de los sindicatos que de la patronal.
Vivo en un país que supuestamente es una democracia (donde la separación de poderes debería ser efectiva), pero la justicia está cada vez más politizada y los poderes ejecutivo y legislativo se deciden en una sola votación, por lo que danzan al unísono. Vivo en una democracia donde los ciudadanos pretenden hacer una reforma legislativa de una ley decimonónica y se encuentran con la oposición de la casta política. Vivo en una democracia donde se criminaliza al manifestante y se indulta al torturador. Vivo en un país que en 35 años de democracia ha realizado el mismo número de referendos que una dictadura de 40 años: dos.
Vivo en un país donde la responsabilidad política no existe, donde el partido del Gobierno ganó las elecciones gracias a unas promesas que no ha cumplido, donde hay diputados que pueden oprobiar a diferentes colectivos sociales y seguir disfrutando de su escaño, donde se puede estar imputado por malversación de caudales públicos y no renunciar al cargo.
Vivo en un país -aconfesional- en el que si critico las políticas que lleva a cabo el Gobierno me mandan a Cuba o a Corea, pero si viene el Jefe de Estado del Vaticano no sólo se permite que critique las políticas del Gobierno español, sino que le pagamos el viaje.
Vivo en un país donde las peleas de gallos son delito pero las corridas de toros son arte, donde el botellón está prohibido pero las romerías son patrimonio cultural, donde "habría que limitar el derecho de manifestación" pero se puede cortar la Castellana para celebrar la liga, donde abortar niños con discapacidad es discriminación (en palabras del Ministro de Justicia) pero reducir la ayuda a la dependencia no es discriminación.
Podría seguir describiendo mi país, pero me estoy entristeciendo. Lo único que quiero resaltar son las palabras que un día pronunció Unamuno y hoy las siento como mías: me duele España. Me duele la indiferencia ciudadana ante la desvergüenza y los abusos políticos, empresariales y financieros. Me duele la desfachatez y el descaro con que se cometen esos abusos. Me duele la falta de consenso, el recurso del ataque y la excusa del oprobio. Me duele que valgan más los votos que los ciudadanos.
Ante todo, me duele el patriotismo equívoco: amar a tu país no es ensalzar lo que tienes, sino intentar mejorarlo. Amar a tu país no es centralizarlo, sino dar cabida a todos sus pueblos. Amar a tu país no es vanagloriar sus instituciones, sino trabajar para que sean eficaces y eficientes. Amar a tu país no es enaltecer una bandera o un himno, sino dar prioridad a las personas. No es más patriota el que más se define como tal, sino el que más hace por mejorar su país, y en este punto hay que admitir inexorablemente que en España hay mucho patriota de boquilla, o lo que en idioma del refranero español se resumiría: mucho lerele y poco larala.
martes, 2 de abril de 2013
¿Monarquía, república o sentido común?
Dice la Constitución española que la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad, y que de los actos del Rey serán responsables las personas que lo refrenden (es decir, el Presidente del Gobierno y, en su caso, los Ministros competentes). Eso lo dice el Título II de una Constitución que se creó, bajo la sombra del franquismo, con un deseo demócrata que blindó las instituciones para evitar posibles rupturas sistémicas. Pero han pasado más de 35 años desde su redacción, por lo que ahora es, quizás, el momento de revisar un texto obsoleto que legaliza la indecencia.
Son numerosos los escándalos que atenazan a la Casa Real: los negocios de Urdangarín, la posible implicación de la infanta Cristina en el caso Nóos, las cacerías del Rey en Botsuana mientras a España le persigue el fantasma del rescate, la ruptura no-oficial de los reyes de España y la inmersión en la familia de Corinna... y una cuenta millonaria en Suiza fruto de la herencia que Juan Carlos I recibió a la muerte de su padre. Es por eso que nos encontramos ante un momento de revisionismo institucional: quizás no estamos preparados para cambiar el modelo monárquico, pero sí deberíamos estarlo para modernizar la monarquía.
En España, históricamente, siempre ha habido un miedo atroz al cambio -especialmente al cambio progresista-, y ese miedo se encuadra en la gran paradoja nacional: el sentimiento de retraso respecto al resto del mundo occidental. Pese a creer que vivimos en un país que necesita actualizarse para alcanzar los niveles europeos, nos encerramos en la inmutabilidad del sistema y el temor a las modificaciones. Lamentablemente, esta paradoja nos confina a un círculo vicioso del que es muy difícil escapar, ya que es ese temor el que cercena cualquier posibilidad de avance.
Pese a ser republicana convencida, no voy a adentrarme en elogiar los beneficios de un cambio completo de sistema, pues creo que antes de plantear cualquier modelo alternativo habría de hacerse un llamamiento al sentido común, y ese sentido común nos conduce inevitablemente a una revisión institucional o, al menos, a un llamar a las cosas por su nombre.
Hace poco me dijeron que las personas somos dueñas de nuestros silencios pero presas de nuestras palabras, y el Rey, por mucho que sea constitucionalmente inviolable, es también persona y, por tanto, preso de sus palabras. En el discurso de Nochebuena del pasado año, Juan Carlos I dijo que se necesitaba rigor, seriedad y ejemplaridad en todos los sentidos, y que las personas con responsabilidades públicas deberían tener un comportamiento ejemplar. También dijo que la justicia es igual para todos, y que cualquier actitud censurable debería ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley.
Mi reflexión y mi llamamiento al sentido común se centra en las palabras del monarca. Como ciudadanos que somos, debemos exigir que la Casa Real cumpla con las palabras de su máximo representante y, especialmente, debemos perder el miedo a señalar con el dedo las actuaciones censurables. Si la justicia es igual para todos, no hay mayor símbolo de ejemplaridad que pedir al juez de Nóos que impute a TODAS las personas que estén relacionadas en el caso. Si las personas públicas deberían tener un comportamiento ejemplar, debemos exigir que el dinero del Rey tribute en España. Y, ante todo y sobre todo, si las personas responsables de las actuaciones del Rey son el Presidente del Gobierno y sus Ministros -ya que Juan Carlos I es inviolable-, que sean ellos los que den la cara y tomen las decisiones pertinentes respecto a la Corona.
No olvidemos que fue el propio Ministro de Hacienda el que dijo "los que tienen que comparecer son los que tienen cuentas en Suiza", y no olvidemos que el Rey, por muy inviolable que sea, es una persona con responsabilidad pública (y, por tanto, debería tener un comportamiento ejemplar). Así pues, nuestro deber ciudadano es exigir que la ejemplaridad se demuestre con hechos y no con palabras, y perder el miedo a señalar con el dedo las actitudes ignominiosas; y si esas actitudes ignominiosas las lleva a cabo el Rey, que la justicia se haga efectiva y paguen por ellas las personas pertinentes. Ése es el único camino para conseguir que España sea realmente un Estado de Derecho.
Son numerosos los escándalos que atenazan a la Casa Real: los negocios de Urdangarín, la posible implicación de la infanta Cristina en el caso Nóos, las cacerías del Rey en Botsuana mientras a España le persigue el fantasma del rescate, la ruptura no-oficial de los reyes de España y la inmersión en la familia de Corinna... y una cuenta millonaria en Suiza fruto de la herencia que Juan Carlos I recibió a la muerte de su padre. Es por eso que nos encontramos ante un momento de revisionismo institucional: quizás no estamos preparados para cambiar el modelo monárquico, pero sí deberíamos estarlo para modernizar la monarquía.
En España, históricamente, siempre ha habido un miedo atroz al cambio -especialmente al cambio progresista-, y ese miedo se encuadra en la gran paradoja nacional: el sentimiento de retraso respecto al resto del mundo occidental. Pese a creer que vivimos en un país que necesita actualizarse para alcanzar los niveles europeos, nos encerramos en la inmutabilidad del sistema y el temor a las modificaciones. Lamentablemente, esta paradoja nos confina a un círculo vicioso del que es muy difícil escapar, ya que es ese temor el que cercena cualquier posibilidad de avance.
Pese a ser republicana convencida, no voy a adentrarme en elogiar los beneficios de un cambio completo de sistema, pues creo que antes de plantear cualquier modelo alternativo habría de hacerse un llamamiento al sentido común, y ese sentido común nos conduce inevitablemente a una revisión institucional o, al menos, a un llamar a las cosas por su nombre.
Hace poco me dijeron que las personas somos dueñas de nuestros silencios pero presas de nuestras palabras, y el Rey, por mucho que sea constitucionalmente inviolable, es también persona y, por tanto, preso de sus palabras. En el discurso de Nochebuena del pasado año, Juan Carlos I dijo que se necesitaba rigor, seriedad y ejemplaridad en todos los sentidos, y que las personas con responsabilidades públicas deberían tener un comportamiento ejemplar. También dijo que la justicia es igual para todos, y que cualquier actitud censurable debería ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley.
Mi reflexión y mi llamamiento al sentido común se centra en las palabras del monarca. Como ciudadanos que somos, debemos exigir que la Casa Real cumpla con las palabras de su máximo representante y, especialmente, debemos perder el miedo a señalar con el dedo las actuaciones censurables. Si la justicia es igual para todos, no hay mayor símbolo de ejemplaridad que pedir al juez de Nóos que impute a TODAS las personas que estén relacionadas en el caso. Si las personas públicas deberían tener un comportamiento ejemplar, debemos exigir que el dinero del Rey tribute en España. Y, ante todo y sobre todo, si las personas responsables de las actuaciones del Rey son el Presidente del Gobierno y sus Ministros -ya que Juan Carlos I es inviolable-, que sean ellos los que den la cara y tomen las decisiones pertinentes respecto a la Corona.
No olvidemos que fue el propio Ministro de Hacienda el que dijo "los que tienen que comparecer son los que tienen cuentas en Suiza", y no olvidemos que el Rey, por muy inviolable que sea, es una persona con responsabilidad pública (y, por tanto, debería tener un comportamiento ejemplar). Así pues, nuestro deber ciudadano es exigir que la ejemplaridad se demuestre con hechos y no con palabras, y perder el miedo a señalar con el dedo las actitudes ignominiosas; y si esas actitudes ignominiosas las lleva a cabo el Rey, que la justicia se haga efectiva y paguen por ellas las personas pertinentes. Ése es el único camino para conseguir que España sea realmente un Estado de Derecho.
viernes, 8 de marzo de 2013
¿Feliz día de la mujer?
- A Malala le dolía la educación. Estudiante paquistaní y activista de los derechos de la mujer, fue tiroteada por un talibán al tomar un autobús de camino a la escuela. Rozó la muerte, y ahora le espera una vida de futuro incierto.
- A Amanat le dolía su feminidad. Estudiante india, fue violada y torturada por seis hombres en un autobús de Nueva Delhi. Probablemente dé nombre a una ley que endurezca las penas para este tipo de crímenes, que por lo visto son demasiado comunes en India.
- A Asha le dolían las piedras. Adolescente somalí, fue violada por tres de los hombres más poderosos de su pueblo, y tras ser acusada de adulterio murió lapidada.
- A Nadia le dolía la entrepierna. Mujer yemení, sufrió esta terrible práctica milenaria para que cuando se comprometiera conyugalmente, evitase cualquier tentación de marcharse con otro hombre.
- A Sihle le dolía el orgullo. Joven sudafricana, fue atacada por cinco hombres en un suburbio Ciudad del Cabo que, tras aplicarle una "violación correctiva", le clavaron una lanza que la condujo a la muerte. El motivo: era lesbiana.
- A Virginia le dolía el currículum. Profesora estadounidense, fue nombrada directora de un programa para minorías en la Universidad de Indiana. Fue recomendada para el cargo por su antecesor, un varón que cobraba 5.000 dólares más de sueldo.
- Al Parlamento Europeo le dolía la paridad. En el año 2009, el total de escaños se repartía entre un 69% de varones y un 31% de mujeres.
- A Mercedes le dolía la vergüenza ajena. Víctima española Tras más de una década sufriendo los malos tratos de su exmarido, tuvo que soportar cómo el diputado Toni Cantó decía que la mayoría de las denuncias por violencia de género son falsas -y los fiscales no las persiguen-.
- A María le duele la conciliación familiar. Española de "clase media", cuando llega de trabajar ayuda a su hijo a hacer los deberes, pone lavadoras, hace la comida y limpia la casa. Tiene suerte porque su marido colabora con las tareas del hogar: a veces friega los platos.
¿Feliz Día Internacional de la Mujer?
Feliz Día Internacional del cinismo. Gracias
- A Amanat le dolía su feminidad. Estudiante india, fue violada y torturada por seis hombres en un autobús de Nueva Delhi. Probablemente dé nombre a una ley que endurezca las penas para este tipo de crímenes, que por lo visto son demasiado comunes en India.
- A Asha le dolían las piedras. Adolescente somalí, fue violada por tres de los hombres más poderosos de su pueblo, y tras ser acusada de adulterio murió lapidada.
- A Nadia le dolía la entrepierna. Mujer yemení, sufrió esta terrible práctica milenaria para que cuando se comprometiera conyugalmente, evitase cualquier tentación de marcharse con otro hombre.
- A Sihle le dolía el orgullo. Joven sudafricana, fue atacada por cinco hombres en un suburbio Ciudad del Cabo que, tras aplicarle una "violación correctiva", le clavaron una lanza que la condujo a la muerte. El motivo: era lesbiana.
- A Virginia le dolía el currículum. Profesora estadounidense, fue nombrada directora de un programa para minorías en la Universidad de Indiana. Fue recomendada para el cargo por su antecesor, un varón que cobraba 5.000 dólares más de sueldo.
- Al Parlamento Europeo le dolía la paridad. En el año 2009, el total de escaños se repartía entre un 69% de varones y un 31% de mujeres.
- A Mercedes le dolía la vergüenza ajena. Víctima española Tras más de una década sufriendo los malos tratos de su exmarido, tuvo que soportar cómo el diputado Toni Cantó decía que la mayoría de las denuncias por violencia de género son falsas -y los fiscales no las persiguen-.
- A María le duele la conciliación familiar. Española de "clase media", cuando llega de trabajar ayuda a su hijo a hacer los deberes, pone lavadoras, hace la comida y limpia la casa. Tiene suerte porque su marido colabora con las tareas del hogar: a veces friega los platos.
¿Feliz Día Internacional de la Mujer?
Feliz Día Internacional del cinismo. Gracias
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