La reciente sentencia del Tribunal Supremo ha condenado al juez Baltasar Garzón a una inhabilitación de once años por prevaricación. Ahí es nada, ¡once años!
Vale, es cierto, Garzón se saltó las reglas y su modus operandi no fue de lo más ortodoxo, pero... ¿once años no es un poco exagerado? Los defensores del Derecho -y conocedores de la materia- estiman que bajo ningún concepto se pueden realizar escuchas a un abogado con su cliente, ni aun cuando el abogado está implicado en el caso que se juzga. Aquí me pregunto yo: ¿habrá que detener al guardia civil que trapichea con drogas para alcanzar al gran traficante? ¿Habrá que detener al policía que se infiltra en una banda terrorista para intentar desmantelarla? ¿Habrá que detener al cebo que actúa con identidad falsa para colaborar con las fuerzas del orden?
No es que seamos radicales, ¡es que nos radicalizan ustedes! No es que seamos de izquierda o derecha, es que somos personas con un mínimo de sensibilidad. ¿Cómo es posible que tipos como Mario Conde estén en las universidades españolas impartiendo clases de economía -y, por supuesto, cobrando por ellas-, y a Baltasar Garzón lo inhabiliten once años? ¿Cómo es posible que hayamos permitido que tipos como Fraga nos de lecciones de moralidad, y a Baltasar Garzón lo inhabiliten once años? ¿Cómo es posible que, además de inhabilitar a Baltasar Garzón, el Tribunal Supremo quiera investigar al juez que lleva el caso "Palma Arena"? ¿Es que aquí los "intocables" van a ser siempre los mismos?
No voy a detenerme en si Garzón es culpable o inocente de los cargos por los que ha sido imputado, porque cierto es que en un Estado de Derecho hay que respetar el Derecho, y él no ha sido en demasía meticuloso, pero creo firmemente que la sentencia ha sido harto exagerada y aquí, más que justicia, ha habido un ajuste de cuentas. ¡Un ajuste de cuentas institucionalizado! ¡Y en nombre del Estado de Derecho!
Y lo peor de la sentencia no es la sentencia en sí, es lo que va a suponer en un futuro próximo. Ahora los imputados por la trama Gürtel tienen el alegato perfecto para pedir el sobreseimiento de su causa, y por tanto es muy probable que exijan la anulación del caso. ¿Se imaginan los titulares? Para colmo, los mismos que defienden a los corruptos e inhabilitan a Garzón son los que poseen los medios de comunicación y la televisión pública, seguramente no habrá nadie que se atreva a afirmar que el Tribunal Supremo y la justicia actúan como meretrices de la trama Gürtel, y la ciudadanía no podrá convocar manifestaciones porque políticos como Cristina Cifuentes -delegada del Gobierno en Madrid- habrán aumentado la presencia policial en las calles para disuadir las voces discordantes.
Sin justicia, sin medios, sin libertad de expresión o reunión... Yo no me quiero imaginar el tipo de país que estamos construyendo. Sumemos el paro, la precariedad laboral, la reducción del poder adquisitivo y la inflación, y todos los recortes en nombre de los ciudadanos y las mejoras del sistema público. Y nosotros como si tal cosa, tan tranquilos en casita, sin salir a la calle porque hay una ola siberiana. Señores, están arrasando nuestra dignidad como personas, están riéndose de nuestra inteligencia y lo estamos permitiendo. Están comparando la disconformidad con la disidencia y a todo el que no está de acuerdo con el sistema lo llaman radical, y a todo el que habla de unos principios que no son los que nos pretenden imponer, lo llaman populista. ¿Nadie se da cuenta de que es la forma de mantenernos en el redil?
O empezamos a luchar ya por lo nuestro, o a los ciudadanos nos van a inhabilitar también... de nuestra condición de ser humanos.
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viernes, 10 de febrero de 2012
lunes, 16 de enero de 2012
La injusticia de Garzón
Muchas veces se ha oído la frase "la realidad supera la ficción". Y es cierto. A veces lo inimaginable no sólo es verdad, sino que llena las portadas de los periódicos y lo asimilamos como natural, como nada extraordinario.
Así es el caso del juez Baltasar Garzón, diana de la animadversión de la derecha y de la simpatía de la izquierda, que ahora más que un juez, parece un debate político en torno al que giran las dos Españas. ¿Cómo es posible que Garzón haya pasado de ser el mejor juez español a ser objeto de una caza de brujas tan severa y vengonzante? La respuesta es fácil: no es lo mismo atacar al PP que atacar al PSOE.
Aplaudido por ser el único juez con el valor de imputar a un dictador vivo, Garzón llegó a ser un pseudo héroe nacional cuando le echó un par y dijo que Pinochet debería ser encarcelado. Ese reconocimiento internacional es, quizás, el que pueda salvarlo ahora. Lo que da un poco de pena es que ni siquiera en su país de origen se le reconozcan los méritos, pues mientras que que en el exterior lo elogian por querer condenar a un dictador que llevó a cabo crímenes de lesa humanidad, en España es como si esa acción no tuviera mérito -lo cual es comprensible, hoy mismo estamos conmocionados por la muerte del "gran demócrata Fraga", obviando todas las ejecuciones que firmó por crímenes políticos a la izquierda-.
Lo que veo peligroso de todo el asunto de Garzón no es que lo quieran imputar en sí, sino que haya destapado una de las mayores redes de corrupción habidas y por haber en nuestro país, y que lo que importe sea si el modus operandi de averiguación sea o no el más ortodoxo. Pero bueno, quién se va a extrañar de tal cosa, cuando hemos permitido que imputados por esa trama y por otras muchas sigan presentándose a las elecciones... ¡y las ganen! ¡No sólo nos da igual que se presenten políticos corruptos, sino que además les votamos!
En mi humilde opinión, lo que necesitamos en España son más jueces como Garzón, que le echen un poco de valor para encarcelar a los que consiguen el poder gracias a la extorsión y las corruptelas. No es porque sea Garzón, es porque deberían ser todos los jueces así, porque sinceramente, ni cuando atacó a los GAL era tan bueno (pues contra la ilegalidad deberían luchar todos los jueces), ni cuando ataca a Gürtel es tan malo (el que roba es un ladrón, se mire por donde se mire). La gran diferencia es que si los GAL afectaron a Felipe González, a nadie le importó que Garzón se enterase a través de santo y seña, pero eso sí, que no pinche teléfonos para pillar a políticos corruptos afiliados al PP porque entonces el delincuente es él. En fin, feliz lunes
Así es el caso del juez Baltasar Garzón, diana de la animadversión de la derecha y de la simpatía de la izquierda, que ahora más que un juez, parece un debate político en torno al que giran las dos Españas. ¿Cómo es posible que Garzón haya pasado de ser el mejor juez español a ser objeto de una caza de brujas tan severa y vengonzante? La respuesta es fácil: no es lo mismo atacar al PP que atacar al PSOE.
Aplaudido por ser el único juez con el valor de imputar a un dictador vivo, Garzón llegó a ser un pseudo héroe nacional cuando le echó un par y dijo que Pinochet debería ser encarcelado. Ese reconocimiento internacional es, quizás, el que pueda salvarlo ahora. Lo que da un poco de pena es que ni siquiera en su país de origen se le reconozcan los méritos, pues mientras que que en el exterior lo elogian por querer condenar a un dictador que llevó a cabo crímenes de lesa humanidad, en España es como si esa acción no tuviera mérito -lo cual es comprensible, hoy mismo estamos conmocionados por la muerte del "gran demócrata Fraga", obviando todas las ejecuciones que firmó por crímenes políticos a la izquierda-.
Lo que veo peligroso de todo el asunto de Garzón no es que lo quieran imputar en sí, sino que haya destapado una de las mayores redes de corrupción habidas y por haber en nuestro país, y que lo que importe sea si el modus operandi de averiguación sea o no el más ortodoxo. Pero bueno, quién se va a extrañar de tal cosa, cuando hemos permitido que imputados por esa trama y por otras muchas sigan presentándose a las elecciones... ¡y las ganen! ¡No sólo nos da igual que se presenten políticos corruptos, sino que además les votamos!
En mi humilde opinión, lo que necesitamos en España son más jueces como Garzón, que le echen un poco de valor para encarcelar a los que consiguen el poder gracias a la extorsión y las corruptelas. No es porque sea Garzón, es porque deberían ser todos los jueces así, porque sinceramente, ni cuando atacó a los GAL era tan bueno (pues contra la ilegalidad deberían luchar todos los jueces), ni cuando ataca a Gürtel es tan malo (el que roba es un ladrón, se mire por donde se mire). La gran diferencia es que si los GAL afectaron a Felipe González, a nadie le importó que Garzón se enterase a través de santo y seña, pero eso sí, que no pinche teléfonos para pillar a políticos corruptos afiliados al PP porque entonces el delincuente es él. En fin, feliz lunes
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