Acabo de leer una noticia en El País cuyo titular reza: "La condición de sefardí dará derecho automático a la nacionalidad española". En el primer párrafo se puede leer: "todos los descendientes de los judíos que fueron expulsados de España en 1492 podrán adquirir la nacionalidad española de forma automática, vivan donde vivan y siempre que acrediten su condición, ya sea por apellidos, idioma, descendencia o vinculación con la cultura y costumbres españolas". Cabe destacar que hay alrededor de tres millones de judíos sefardíes en el Mundo, distribuidos por Francia, Estados Unidos, Israel, Turquía y otros países.
Me he quedado perpleja, puesto que el Gobierno declaró -un par de días después de ganar las elecciones- que no iba a regularizar a los inmigrantes por arraigo social (entendido como la permanencia en España durante un tiempo de al menos tres años). Es decir, que a partir de ahora será más español un argentino cuya familia lleva viviendo cuatrocientos años en Argentina y jamás ha pisado la Península, que un uruguayo que lleva diez años viviendo en España.
Cabe destacar que tamaña necedad no es el único motivo para mi asombro. Las palabras del ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, acompañan a la perfección a la estupefaciente noticia: uno de los objetivos de la instrucción es "recobrar la memoria de la España silenciada durante mucho tiempo". Las palabras del ministro son sumamente irónicas si se tiene en cuenta que, por ejemplo, los Presupuestos Generales del Estado para 2013 han eliminado la partida destinada a la memoria histórica. Esto se traduce en que para el Gobierno es más importante honrar a los descendientes de los judíos que hubo en España hace quinientos años, que honrar a las víctimas de la Guerra Civil, cuyos hijos aún luchan por encontrar sus restos.
El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, tampoco se ha quedado corto al expresar que esta instrucción es la del "reencuentro" para "los que han sido injustamente privados de su nacionalidad y han recreado a través del afecto una España que nunca se resignaron a perder y que a partir de ahora es tan suya como nuestra". En este punto he pensado en los miles de musulmanes que fueron expulsados a la vez que los judíos por los Reyes Católicos, y en si sus descendientes tendrán también derecho a la nacionalidad española. Es más, me han venido a la mente todos los españoles que debido a las crisis económicas de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX emigraron a Latinoamérica, y teniendo en cuenta que huir de la pobreza es una imposición forzosa (para evitar la muerte y la miseria), ellos también deberían reencontrarse con la nacionalidad de la que han sido "injustamente" privados.
Por otro lado, hay que tener en cuenta el contexto internacional de estos días en Oriente Medio. Aunque ayer Israel y Hamás acordasen un alto el fuego, durante los ocho días precedentes no han cesado multitud de ataques -hacia Gaza y el sur de Israel, respectivamente- que han costado la vida a 162 palestinos (de los que 42 son niños,, 11 mujeres y 18 ancianos) y cinco judíos (de los que cuatro son militares). Además, el Primer Ministro israelí, Bejamín Netanyahu, flirteó con la idea de un ataque terrestre a la Franja de Gaza. Espero equivocarme con mi intuición de malpensada, pero me viene a la cabeza que esto de la legalización de los sefardíes, justo en este momento, podría suponer un guiño al Gobierno sionista.
En definitiva, e independientemente del contexto actual en lo que a política internacional se refiere, la decisión del Gobierno de nacionalizar a los sefardíes en masa, exclusivamente por ser sefardíes, es una medida anacrónica, incoherente y, por qué no decirlo, ridícula.
jueves, 22 de noviembre de 2012
Estado policial en Madrid
Michael J. Sodaro, reputado profesor de ciencia política y relaciones internacionales en la Universidad de George Washington y experto en política comparada, ha escrito Política y Ciencia Política, un manual de referencia que es empleado en muchas universidades para introducir la política a los alumnos de ciencias sociales.
En la segunda página del citado manual se encuentra la siguiente afirmación: "La base esencial de los regímenes democráticos es que los ciudadanos tienen el derecho a determinar quién les gobierna y a hacer responsables a sus gobernantes de las acciones que emprenden. Las democracias imponen también límites legales al poder del Estado garantizando ciertos derechos y libertades a sus ciudadanos".
Este párrafo introductorio viene a colación de dos noticias publicadas esta semana en relación a la delegada del Gobierno de Madrid, Cristina Cifuentes. En primer lugar, Cifuentes va a crear una unidad policial -denominada unidad "bronce"-, integrada por 378 agentes, para apoyar las labores de los antidisturbios en manifestaciones y desahucios. En segundo lugar, Cifuentes ha multado a un periodista y un estudiante que fotografiaron las cargas policiales en la estación de Atocha del pasado 25 de septiembre.
Es decir, el pasado 25 de septiembre se cometió un flagrante abuso de autoridad por parte de las fuerzas del orden -aunque hubieran sido necesarias las cargas policiales en las inmediaciones del Congreso, es injustificable que los antidisturbios entrasen en la Estación de Atocha (a casi 1 km de distancia) para cargar contra los usuarios de Renfe-.
Por lo que no sólo no se buscan responsabilidades dentro de la mala praxis policial, sino que se refuerzan sus actuaciones punibles y se castiga a los ciudadanos.
Por otro lado, me gustaría tocar el tema del marido de Cristina Cifuentes, Francisco Javier Aguilar Viyuela. Hace unos meses se desató un rumor sobre si Aguilar Viyuela se encontraba en situación de busca y captura a causa de una indemnización -de unos 45.000 euros- que no había pagado, bulo que Cifuentes no tardó en desmentir. Cierto es que Aguilar Viyuela no está en busca y captura, ya que el pleito que sostuvo no era penal, sino social; sin embargo, según publica el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid, tal indemnización no ha llegado a ser abonada porque Aguilar Viyuela se encuentra en "ignorado paradero", aun cuando existen fotografías suyas junto a su esposa en la mismísima Delegación del Gobierno en Madrid fechadas a principios de octubre de 2012.
En definitiva, vivimos en un país donde la responsable última de la Delegación del Gobierno es capaz de multar a periodistas por ejercer libremente su profesión; es capaz de no admitir los abusos de poder que cometen algunos antidisturbios, aun habiendo documentos gráficos que lo atestiguan; es capaz, incluso, de respaldar las actuaciones de esas fuerzas del orden que cometen abusos al aumentar los efectivos policiales con nuevas unidades; pero no es capaz de decirle a su marido que igual debería cumplir con la justicia.
Si una "democracia" permite que sus fuerzas del orden hagan lo que les dé la gana sin ser represaliados (es decir, no hace responsables a sus gobernantes de las acciones que emprenden) , y además les "premia" y reconoce su labor aumentando las unidades policiales para que les ayuden en sus labores represivas (es decir, hace lo contrario a imponer límites legales al poder del Estado), a la vez que castiga a los ciudadanos que ejercen libremente sus derechos individuales (es decir, no garantiza ciertos derechos y libertades), a lo mejor deberíamos cambiar el término "democracia" por "Estado policial".
En la segunda página del citado manual se encuentra la siguiente afirmación: "La base esencial de los regímenes democráticos es que los ciudadanos tienen el derecho a determinar quién les gobierna y a hacer responsables a sus gobernantes de las acciones que emprenden. Las democracias imponen también límites legales al poder del Estado garantizando ciertos derechos y libertades a sus ciudadanos".
Este párrafo introductorio viene a colación de dos noticias publicadas esta semana en relación a la delegada del Gobierno de Madrid, Cristina Cifuentes. En primer lugar, Cifuentes va a crear una unidad policial -denominada unidad "bronce"-, integrada por 378 agentes, para apoyar las labores de los antidisturbios en manifestaciones y desahucios. En segundo lugar, Cifuentes ha multado a un periodista y un estudiante que fotografiaron las cargas policiales en la estación de Atocha del pasado 25 de septiembre.
Es decir, el pasado 25 de septiembre se cometió un flagrante abuso de autoridad por parte de las fuerzas del orden -aunque hubieran sido necesarias las cargas policiales en las inmediaciones del Congreso, es injustificable que los antidisturbios entrasen en la Estación de Atocha (a casi 1 km de distancia) para cargar contra los usuarios de Renfe-.
Por lo que no sólo no se buscan responsabilidades dentro de la mala praxis policial, sino que se refuerzan sus actuaciones punibles y se castiga a los ciudadanos.
Por otro lado, me gustaría tocar el tema del marido de Cristina Cifuentes, Francisco Javier Aguilar Viyuela. Hace unos meses se desató un rumor sobre si Aguilar Viyuela se encontraba en situación de busca y captura a causa de una indemnización -de unos 45.000 euros- que no había pagado, bulo que Cifuentes no tardó en desmentir. Cierto es que Aguilar Viyuela no está en busca y captura, ya que el pleito que sostuvo no era penal, sino social; sin embargo, según publica el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid, tal indemnización no ha llegado a ser abonada porque Aguilar Viyuela se encuentra en "ignorado paradero", aun cuando existen fotografías suyas junto a su esposa en la mismísima Delegación del Gobierno en Madrid fechadas a principios de octubre de 2012.
En definitiva, vivimos en un país donde la responsable última de la Delegación del Gobierno es capaz de multar a periodistas por ejercer libremente su profesión; es capaz de no admitir los abusos de poder que cometen algunos antidisturbios, aun habiendo documentos gráficos que lo atestiguan; es capaz, incluso, de respaldar las actuaciones de esas fuerzas del orden que cometen abusos al aumentar los efectivos policiales con nuevas unidades; pero no es capaz de decirle a su marido que igual debería cumplir con la justicia.
Si una "democracia" permite que sus fuerzas del orden hagan lo que les dé la gana sin ser represaliados (es decir, no hace responsables a sus gobernantes de las acciones que emprenden) , y además les "premia" y reconoce su labor aumentando las unidades policiales para que les ayuden en sus labores represivas (es decir, hace lo contrario a imponer límites legales al poder del Estado), a la vez que castiga a los ciudadanos que ejercen libremente sus derechos individuales (es decir, no garantiza ciertos derechos y libertades), a lo mejor deberíamos cambiar el término "democracia" por "Estado policial".
lunes, 5 de noviembre de 2012
Carta a Ana Botella
Querida alcaldesa,
Se ha hablado mucho sobre usted en los últimos días a causa de la tragedia del pasado 31 de octubre en el Madrid Arena. No voy a entrar en si realmente se excedió el aforo del recinto, no voy a entrar en si la responsabilidad última de la seguridad correspondía al Ayuntamiento de Madrid o a la empresa organizadora, no voy a entrar en si deberían haber registrado los bolsos para evitar que se metiesen bengalas o en si había puertas de emergencia bloqueadas.
Yo lo único que quiero es transmitirle a Ana Botella, alcaldesa no electa de Madrid, el disgusto que como ciudadana -y hermana de una joven de 17 años- tengo con usted. Y ese disgusto no deriva de su gestión de crisis de la tragedia en Madrid Arena, deriva de su comportamiento como persona.
Hoy publica El País que el Consistorio madrileño carece de las licencias pertinentes para organizar eventos de este tipo en Madrid Arena, y aún así usted se ha atrevido a respaldar la gestión que su vicealcalde ha tenido en la citada desgracia. Es decir, que el Ayuntamiento de Madrid se ha saltado a la torera la normativa vigente, ya que Urbanismo había detectado "deficiencias concretas" de seguridad en Madrid Arena, y además usted reconoce la buena labor gestora después de la muerte de cuatro jóvenes producida por fallos en la seguridad del recinto.
En primer lugar, señora Botella, no ha existido una buena gestión de crisis en la tragedia de Madrid Arena, lo que ha existido es un flagrante y premeditado error que el Ayuntamiento de Madrid, es decir, usted -como última responsable del Consistorio-, no se digna a reconocer.
En segundo lugar, señora Botella, no sólo no son lo suficientemente humanos como para reconocer un error, sino que además intentan vender la moto de que el recinto cumplía con todas las medidas de seguridad, aun siendo un embuste. Esto significa que después de ser responsable de una tragedia de tal magnitud, el Ayuntamiento se dedica a tratar a los ciudadanos como imbéciles mintiéndoles deliberadamente.
En tercer lugar, Señora Botella, tengo una hermana de 17 años que se llama Belén. Ni es la joven que ha fallecido a causa del aplastamiento, ni estuvo en Madrid Arena, ni tiene ningún tipo de relación directa con la desgracia. Pero podría haber estado allí, al igual que cualquier otro madrileño, y simplemente esa posibilidad me pone del hígado.
Olvide su faceta de alcaldesa, de política, incluso de esposa de un expresidente del Gobierno. Céntrese en su faceta de madre, e imagine que hace unos años Anita Aznar hubiera salido de fiesta y no hubiera vuelto nunca más a causa de una negligencia del Ayuntamiento de Madrid. ¿Cómo calificaría usted la gestión del vicealcalde? ¿Cómo le sentaría a usted que el recinto donde hubiese fallecido Anita Aznar no cumpliese con la normativa de seguridad? ¿Le importaría lo más mínimo que la alcaldesa decidiera no hacer más fiestas en los locales públicos? Porque aunque la tragedia haya pasado una vez y no vuelva a repetirse, lo de Madrid Arena se traduce como cuatro dramas humanos que ya no tienen solución, y no como una crisis política.
Así que, por favor, señora alcaldesa, haga un favor a la ciudadanía y deje de insultar a nuestra inteligencia. Es cierto que los madrileños no la votaron, pero en ocasiones como ésta usted ha de demostrar que está a la altura del cargo que ostenta. Humanícese, agache la cabeza y reconozca que el Ayuntamiento lo ha hecho mal, otorgue a las víctimas el respeto que se merecen y no vaya poniendo medallitas por la gestión de crisis, porque esto no es una crisis política, sino una desgracia que usted, como responsable última del Consistorio, podría haber evitado.
Querida Ana Botella, deje de lado el corporativismo político, porque lo que ahora necesita Madrid no es una defensora partidista ante una crisis, es una alcaldesa humanizada ante una tragedia.
Se ha hablado mucho sobre usted en los últimos días a causa de la tragedia del pasado 31 de octubre en el Madrid Arena. No voy a entrar en si realmente se excedió el aforo del recinto, no voy a entrar en si la responsabilidad última de la seguridad correspondía al Ayuntamiento de Madrid o a la empresa organizadora, no voy a entrar en si deberían haber registrado los bolsos para evitar que se metiesen bengalas o en si había puertas de emergencia bloqueadas.
Yo lo único que quiero es transmitirle a Ana Botella, alcaldesa no electa de Madrid, el disgusto que como ciudadana -y hermana de una joven de 17 años- tengo con usted. Y ese disgusto no deriva de su gestión de crisis de la tragedia en Madrid Arena, deriva de su comportamiento como persona.
Hoy publica El País que el Consistorio madrileño carece de las licencias pertinentes para organizar eventos de este tipo en Madrid Arena, y aún así usted se ha atrevido a respaldar la gestión que su vicealcalde ha tenido en la citada desgracia. Es decir, que el Ayuntamiento de Madrid se ha saltado a la torera la normativa vigente, ya que Urbanismo había detectado "deficiencias concretas" de seguridad en Madrid Arena, y además usted reconoce la buena labor gestora después de la muerte de cuatro jóvenes producida por fallos en la seguridad del recinto.
En primer lugar, señora Botella, no ha existido una buena gestión de crisis en la tragedia de Madrid Arena, lo que ha existido es un flagrante y premeditado error que el Ayuntamiento de Madrid, es decir, usted -como última responsable del Consistorio-, no se digna a reconocer.
En segundo lugar, señora Botella, no sólo no son lo suficientemente humanos como para reconocer un error, sino que además intentan vender la moto de que el recinto cumplía con todas las medidas de seguridad, aun siendo un embuste. Esto significa que después de ser responsable de una tragedia de tal magnitud, el Ayuntamiento se dedica a tratar a los ciudadanos como imbéciles mintiéndoles deliberadamente.
En tercer lugar, Señora Botella, tengo una hermana de 17 años que se llama Belén. Ni es la joven que ha fallecido a causa del aplastamiento, ni estuvo en Madrid Arena, ni tiene ningún tipo de relación directa con la desgracia. Pero podría haber estado allí, al igual que cualquier otro madrileño, y simplemente esa posibilidad me pone del hígado.
Olvide su faceta de alcaldesa, de política, incluso de esposa de un expresidente del Gobierno. Céntrese en su faceta de madre, e imagine que hace unos años Anita Aznar hubiera salido de fiesta y no hubiera vuelto nunca más a causa de una negligencia del Ayuntamiento de Madrid. ¿Cómo calificaría usted la gestión del vicealcalde? ¿Cómo le sentaría a usted que el recinto donde hubiese fallecido Anita Aznar no cumpliese con la normativa de seguridad? ¿Le importaría lo más mínimo que la alcaldesa decidiera no hacer más fiestas en los locales públicos? Porque aunque la tragedia haya pasado una vez y no vuelva a repetirse, lo de Madrid Arena se traduce como cuatro dramas humanos que ya no tienen solución, y no como una crisis política.
Así que, por favor, señora alcaldesa, haga un favor a la ciudadanía y deje de insultar a nuestra inteligencia. Es cierto que los madrileños no la votaron, pero en ocasiones como ésta usted ha de demostrar que está a la altura del cargo que ostenta. Humanícese, agache la cabeza y reconozca que el Ayuntamiento lo ha hecho mal, otorgue a las víctimas el respeto que se merecen y no vaya poniendo medallitas por la gestión de crisis, porque esto no es una crisis política, sino una desgracia que usted, como responsable última del Consistorio, podría haber evitado.
Querida Ana Botella, deje de lado el corporativismo político, porque lo que ahora necesita Madrid no es una defensora partidista ante una crisis, es una alcaldesa humanizada ante una tragedia.
martes, 30 de octubre de 2012
Parecidos razonables y Ministros 2012
José María Aznar y José Manuel Soria (Ministro de Industria, Turismo y Comercio)
Papá Noël y Miguel Arias Cañete (Ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente)
Clint Eastwood y Pedro Morenés (Ministro de Defensa)
La Bruja de Blancanieves y Ana Pastor (Ministra de Fomento)
Chiquito de la Calzada y Luis de Guindos (Ministro de Economía y Competitividad)
Boris Izaguirre y Alberto Ruiz-Gallardón (Ministro de Justicia)
Fétido de Los Adams y José Ignacio Wert (Ministro de Educación, Cultura y Deporte)
martes, 16 de octubre de 2012
El posible referéndum catalán
Mientras en España se mantiene un duro debate sobre la independencia de Cataluña y un posible referéndum que consulte a los catalanes si optan por la autodeterminación o por la continuidad dentro del Estado español, la semana pasada se confirmó que Escocia decidirá su futuro e independencia en un referéndum vinculante a realizar en 2014. Así pues, el primer paso secesionista de facto en la Unión Europea ya ha sido dado, por lo que España ha puesto todos los ojos en las islas británicas.
La gran diferencia entre Escocia y Cataluña es que Cameron -el primer ministro de Reino Unido- ha llegado a un acuerdo con Salmond -el presidente autónomo de Escocia- mediante el que se permite la realización de un referéndum vinculante que contenga una sola pregunta (el Partido Nacionalista Escocés quería que la consulta contuviese una segunda pregunta en la que plantear la posibilidad de permanecer en Reino Unido pero con más autonomía); mientras que Cataluña no logra ese acuerdo con el Ejecutivo español, y sin el consentimiento del Gobierno central un referéndum en Cataluña, aun sin ser vinculante, sería ilegal.
No voy a entrar en ningún tipo de reflexión de corte ideológico, ni sobre la toma de Barcelona en 1714 ni en si "ninguna región podría entenderse si no hubiera formado parte de la historia cultural y política de España". Teniendo en cuenta el cariz que está tomando el debate respecto al posible referéndum catalán, en el que el PP se pregunta "quién es Artur Mas para estar por encima de la ley", lo que más preocupante me parece no es el independentismo en sí, sino lo que significa o no "estar por encima de la ley".
Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, democracia significa:
1. Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno.
2. Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.
Teniendo en cuenta que la Constitución Española reza en su Título Preliminar que "España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho", el hecho de no contar con la opinión de los catalanes para decidir sobre su futuro es, cuanto menos, autoritario y antidemocrático. Así pues, lo preocupante del independentismo catalán no es su razón de ser, su viabilidad o su fundamento, sino la "ilegalidad" que supone que un pueblo que vive en democracia no pueda intervenir en las decisiones del gobierno.
Aunque la postura antiindependentista del Gobierno sea más paternalista que otra cosa (Rajoy cree que "fuera de España y de Europa se está en ninguna parte", aunque esa condición se alcance por propia voluntad del pueblo catalán), habría que tener en cuenta las peticiones de la ciudadanía, peticiones que el pasado 11 de septiembre quedaron más que demostradas en la manifestación de la Diada.
Teniendo en cuenta que sin el consentimiento del Gobierno central no puede haber referéndum, pero según María Dolores de Cospedal, la Secretaria general del Partido Popular, "el futuro de Cataluña lo decidimos entre todos los españoles", ¿por qué no se hace un referéndum a nivel nacional sobre la independencia catalana? Quizás no se haga porque no es muy típico en España eso de hacer referendos (de hecho, en 35 años de democracia solo se han realizado dos: el de permanencia en la OTAN en 1986 y el de aprobación de la Constitución Europea en 2005). Quizás porque, según la definición de la RAE, a esto que tenemos en España lo llaman democracia y no lo es.
La gran diferencia entre Escocia y Cataluña es que Cameron -el primer ministro de Reino Unido- ha llegado a un acuerdo con Salmond -el presidente autónomo de Escocia- mediante el que se permite la realización de un referéndum vinculante que contenga una sola pregunta (el Partido Nacionalista Escocés quería que la consulta contuviese una segunda pregunta en la que plantear la posibilidad de permanecer en Reino Unido pero con más autonomía); mientras que Cataluña no logra ese acuerdo con el Ejecutivo español, y sin el consentimiento del Gobierno central un referéndum en Cataluña, aun sin ser vinculante, sería ilegal.
No voy a entrar en ningún tipo de reflexión de corte ideológico, ni sobre la toma de Barcelona en 1714 ni en si "ninguna región podría entenderse si no hubiera formado parte de la historia cultural y política de España". Teniendo en cuenta el cariz que está tomando el debate respecto al posible referéndum catalán, en el que el PP se pregunta "quién es Artur Mas para estar por encima de la ley", lo que más preocupante me parece no es el independentismo en sí, sino lo que significa o no "estar por encima de la ley".
Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, democracia significa:
1. Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno.
2. Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.
Teniendo en cuenta que la Constitución Española reza en su Título Preliminar que "España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho", el hecho de no contar con la opinión de los catalanes para decidir sobre su futuro es, cuanto menos, autoritario y antidemocrático. Así pues, lo preocupante del independentismo catalán no es su razón de ser, su viabilidad o su fundamento, sino la "ilegalidad" que supone que un pueblo que vive en democracia no pueda intervenir en las decisiones del gobierno.
Aunque la postura antiindependentista del Gobierno sea más paternalista que otra cosa (Rajoy cree que "fuera de España y de Europa se está en ninguna parte", aunque esa condición se alcance por propia voluntad del pueblo catalán), habría que tener en cuenta las peticiones de la ciudadanía, peticiones que el pasado 11 de septiembre quedaron más que demostradas en la manifestación de la Diada.
Teniendo en cuenta que sin el consentimiento del Gobierno central no puede haber referéndum, pero según María Dolores de Cospedal, la Secretaria general del Partido Popular, "el futuro de Cataluña lo decidimos entre todos los españoles", ¿por qué no se hace un referéndum a nivel nacional sobre la independencia catalana? Quizás no se haga porque no es muy típico en España eso de hacer referendos (de hecho, en 35 años de democracia solo se han realizado dos: el de permanencia en la OTAN en 1986 y el de aprobación de la Constitución Europea en 2005). Quizás porque, según la definición de la RAE, a esto que tenemos en España lo llaman democracia y no lo es.
lunes, 1 de octubre de 2012
Espejo de Madrid
El pasado 17 de septiembre la hasta entonces Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, sorprendió a toda España presentando su dimisión. Lo hizo de forma rápida, dejando a Ignacio González -su fiel número dos, que cuenta con una reconocida animadversión por parte de Mariano Rajoy- como sucesor sin derecho a réplica, lo hizo de forma concisa, algunos dicen que incluso emotiva, y lo hizo argumentando "motivos personales". Sin embargo, muchas han sido las elucubraciones sobre las causas reales que llevaron a la lideresa a presentar su cese.
El cáncer que sufrió la expresidenta en febrero de 2011 fue la razón que primero sobrevoló la mente de quienes buscábamos explicación a una dimisión tan repentina, pero la parquedad informativa que empleó Aguirre en la rueda de prensa motivó a las malas lenguas a buscar justificaciones extraoficiales, máxime cuando la intervención quirúrgica a la que fue sometida por un bulto en el pecho había sido anunciada a bombo y platillo, y esta vez la moderación fue la única protagonista.
Francisco Álvarez-Cascos atribuyó hace pocos días la dimisión de Esperanza Aguirre al recorte de 1.000 millones de euros que sufrirá Madrid en 2013, tijeretazo que considera injusto al ser la comunidad menos endeudada del Estado. Sin embargo, las malas lenguas -y no tan malas- hablan de una encendida discusión con Rajoy el 4 de septiembre en Génova, centrada en los acuerdos relativos a Eurovegas.
Por lo visto, Mª Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, se quejó al presidente del Gobierno por las promesas que Aguirre habría hecho a Sheldon Adelson -impulsor de Eurovegas y, por cierto, la persona que más dinero ha donado a la campaña del Partido Republicano de Estados Unidos-, entre ellas un sistema fiscal distinto para Eurovegas, la posibilidad de fumar en sus establecimientos y una normativa laboral particular que regulase el complejo hotelero. Así pues, se supone que Rajoy y Aguirre mantuvieron una acalorada discusión en la que el presidente le echaba en cara -con no muy buenas palabras que fueron replicadas con, según se dice, todo tipo de groserías y blasfemias- que actuase sin contar con el partido ni con él mismo, especialmente al prometer beneficios que atañen a la legislación nacional -lo que supondría una injerencia en las competencias del Estado central-.
Sea como fuere, lo que está claro es que algún motivo de peso tiene que haber para producirse dimisión tan imprevista de un personaje político tan complejo, ambicioso y único. Ministra de Educación y Ciencia en la primera etapa de Aznar, pasó a ser la primera -y única- mujer en presidir el Senado (1999-2002) hasta conseguir la jefatura de la Comunidad de Madrid gracias al Tamayazo, consistente en la deserción de dos diputados socialistas que evitaron la victoria a Rafael Simancas y otorgaron a Aguirre la presidencia de la región, aun obteniendo menos votos.
Tras la parrafada anteriormente redactada, quisiera otorgar a Esperanza Aguirre mi propia despedida -tal ahínco pongo en ella que incluso dos semanas de retraso informativo no pueden evitarla-. Esperanza, nunca un nombre fue tan irónico en la escena política, pues no ha sembrado usted más que desesperanza, desesperación e impotencia.
Usted, amante de la farándula delante de las cámaras y amante de palabras malsonantes detrás, que se jactó de ganar el pulso a Gallardón quitando al "hijo puta" -de su boca salió tan cariñoso apelativo- de Miguel Blesa de Caja Madrid. ¿Lo recuerda? Intentó usted colocar al mando de la caja a Ignacio González, su fiel mano derecha que ahora preside Madrid, pero ese pulso se lo ganó a usted Rajoy nombrando a Rodrigo Rato.
Usted, que ha convertido la televisión pública regional en TeleEspe, cadena cuyo único fin es estar al servicio de su propia persona, cadena que emite sus múltiples visitas evitando las escenas en las que pierde los nervios, cadena que somete a sus trabajadores a tal censura y desinformación que han tenido que crear una plataforma donde denunciar públicamente la coacción de sus libertades.
Usted, que tuvo que despedir a la agencia de comunicación que se encargó de su campaña electoral de 2007 porque hasta tal punto manda el inconsciente en la mente de las personas, que el eslogan rezaba: "Espejo de lo que somos", y todos supimos leer entre líneas "Espe jode lo que somos".
Usted, condesa de Murillo y grande de España -no va con sorna, son títulos nobiliarios reales-, casada con Fernando Ramírez de Haro (¡descendiente directo de Felipe el Hermoso!), propietaria de un sinfín de inmuebles y de un patrimonio tan inmenso que nunca se ha atrevido a revelar, llegó a declarar en 2006 que con el salario que percibe del erario público -que ronda los 100.000 euros anuales- no llega usted a fin de mes.
Usted, que no tiene respeto ni por los derechos más básicos de los ciudadanos, que quiere privatizar una empresa tan básica como el Canal de Isabel II aun cuando genera beneficios y la privatización no es excusa económica. De hecho, privatizar el administrador madrileño de agua supondría que los beneficios dejasen de revertir en el erario público para ir a parar a bolsillos privados.
Usted, que promovió la magnífica campaña publicitaria "Madrid necesita más agua" en 2006, a la vez que impulsó la creación de innumerables campos de golf repartiendo el pastel administrativo entre sus allegado y familiares, con el beneplácito del Canal de Isabel II -casualmente presidido por el ya varias veces citado Ignacio González, su mano derecha-.
Usted, que ha privatizado plantas de asistencia primaria en varios hospitales de Madrid, que ha cedido la explotación de los servicios de restauración de la mitad de las instituciones públicas madrileñas al Grupo Arturo (propiedad de Arturo Fernández, presidente de la patronal madrileña y amigo personal de usted misma, todo un ejemplo emprendedor que tardó doce años en terminar económicas).
Usted, amante de la propaganda informativa y de la tergiversación mediática hasta el punto de presentarse a las elecciones de 2011 con una foto de cartel en la que photoshop la convierte más en una veinteañera recién salida de un after que en la sexagenaria que es.
Usted, abanderada de las privatizaciones, amiga de la polémica, enarbolada en las malas formas cuando no hay una cámara delante, mujer de carácter y lideresa indiscutible. Usted es Madrid, Madrid es de usted, Madrid es su espejo, usted es el espejo de Madrid, porque usted es Espe, y Espe jode Madrid.
El cáncer que sufrió la expresidenta en febrero de 2011 fue la razón que primero sobrevoló la mente de quienes buscábamos explicación a una dimisión tan repentina, pero la parquedad informativa que empleó Aguirre en la rueda de prensa motivó a las malas lenguas a buscar justificaciones extraoficiales, máxime cuando la intervención quirúrgica a la que fue sometida por un bulto en el pecho había sido anunciada a bombo y platillo, y esta vez la moderación fue la única protagonista.
Francisco Álvarez-Cascos atribuyó hace pocos días la dimisión de Esperanza Aguirre al recorte de 1.000 millones de euros que sufrirá Madrid en 2013, tijeretazo que considera injusto al ser la comunidad menos endeudada del Estado. Sin embargo, las malas lenguas -y no tan malas- hablan de una encendida discusión con Rajoy el 4 de septiembre en Génova, centrada en los acuerdos relativos a Eurovegas.
Por lo visto, Mª Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, se quejó al presidente del Gobierno por las promesas que Aguirre habría hecho a Sheldon Adelson -impulsor de Eurovegas y, por cierto, la persona que más dinero ha donado a la campaña del Partido Republicano de Estados Unidos-, entre ellas un sistema fiscal distinto para Eurovegas, la posibilidad de fumar en sus establecimientos y una normativa laboral particular que regulase el complejo hotelero. Así pues, se supone que Rajoy y Aguirre mantuvieron una acalorada discusión en la que el presidente le echaba en cara -con no muy buenas palabras que fueron replicadas con, según se dice, todo tipo de groserías y blasfemias- que actuase sin contar con el partido ni con él mismo, especialmente al prometer beneficios que atañen a la legislación nacional -lo que supondría una injerencia en las competencias del Estado central-.
Sea como fuere, lo que está claro es que algún motivo de peso tiene que haber para producirse dimisión tan imprevista de un personaje político tan complejo, ambicioso y único. Ministra de Educación y Ciencia en la primera etapa de Aznar, pasó a ser la primera -y única- mujer en presidir el Senado (1999-2002) hasta conseguir la jefatura de la Comunidad de Madrid gracias al Tamayazo, consistente en la deserción de dos diputados socialistas que evitaron la victoria a Rafael Simancas y otorgaron a Aguirre la presidencia de la región, aun obteniendo menos votos.
Tras la parrafada anteriormente redactada, quisiera otorgar a Esperanza Aguirre mi propia despedida -tal ahínco pongo en ella que incluso dos semanas de retraso informativo no pueden evitarla-. Esperanza, nunca un nombre fue tan irónico en la escena política, pues no ha sembrado usted más que desesperanza, desesperación e impotencia.
Usted, amante de la farándula delante de las cámaras y amante de palabras malsonantes detrás, que se jactó de ganar el pulso a Gallardón quitando al "hijo puta" -de su boca salió tan cariñoso apelativo- de Miguel Blesa de Caja Madrid. ¿Lo recuerda? Intentó usted colocar al mando de la caja a Ignacio González, su fiel mano derecha que ahora preside Madrid, pero ese pulso se lo ganó a usted Rajoy nombrando a Rodrigo Rato.
Usted, que ha convertido la televisión pública regional en TeleEspe, cadena cuyo único fin es estar al servicio de su propia persona, cadena que emite sus múltiples visitas evitando las escenas en las que pierde los nervios, cadena que somete a sus trabajadores a tal censura y desinformación que han tenido que crear una plataforma donde denunciar públicamente la coacción de sus libertades.
Usted, que tuvo que despedir a la agencia de comunicación que se encargó de su campaña electoral de 2007 porque hasta tal punto manda el inconsciente en la mente de las personas, que el eslogan rezaba: "Espejo de lo que somos", y todos supimos leer entre líneas "Espe jode lo que somos".
Usted, condesa de Murillo y grande de España -no va con sorna, son títulos nobiliarios reales-, casada con Fernando Ramírez de Haro (¡descendiente directo de Felipe el Hermoso!), propietaria de un sinfín de inmuebles y de un patrimonio tan inmenso que nunca se ha atrevido a revelar, llegó a declarar en 2006 que con el salario que percibe del erario público -que ronda los 100.000 euros anuales- no llega usted a fin de mes.
Usted, que no tiene respeto ni por los derechos más básicos de los ciudadanos, que quiere privatizar una empresa tan básica como el Canal de Isabel II aun cuando genera beneficios y la privatización no es excusa económica. De hecho, privatizar el administrador madrileño de agua supondría que los beneficios dejasen de revertir en el erario público para ir a parar a bolsillos privados.
Usted, que promovió la magnífica campaña publicitaria "Madrid necesita más agua" en 2006, a la vez que impulsó la creación de innumerables campos de golf repartiendo el pastel administrativo entre sus allegado y familiares, con el beneplácito del Canal de Isabel II -casualmente presidido por el ya varias veces citado Ignacio González, su mano derecha-.
Usted, que ha privatizado plantas de asistencia primaria en varios hospitales de Madrid, que ha cedido la explotación de los servicios de restauración de la mitad de las instituciones públicas madrileñas al Grupo Arturo (propiedad de Arturo Fernández, presidente de la patronal madrileña y amigo personal de usted misma, todo un ejemplo emprendedor que tardó doce años en terminar económicas).
Usted, amante de la propaganda informativa y de la tergiversación mediática hasta el punto de presentarse a las elecciones de 2011 con una foto de cartel en la que photoshop la convierte más en una veinteañera recién salida de un after que en la sexagenaria que es.
Usted, abanderada de las privatizaciones, amiga de la polémica, enarbolada en las malas formas cuando no hay una cámara delante, mujer de carácter y lideresa indiscutible. Usted es Madrid, Madrid es de usted, Madrid es su espejo, usted es el espejo de Madrid, porque usted es Espe, y Espe jode Madrid.
miércoles, 29 de agosto de 2012
Los peñones españoles
La primera quincena de agosto estuve de vacaciones en la costa mediterránea de Marruecos. La ruta mochilera que hice junto a tres amigas comenzó en Ceuta, y pensábamos terminarla en Melilla pero los disturbios que acaecieron en la frontera hicieron que acortásemos el viaje y el retorno a España lo realizásemos desde Alhucemas. Ya pensé en escribir sobre lo que allí había visto, y el asalto que siete marroquíes han realizado sobre el Peñón de Vélez ha añadido relevancia a mi propósito.
Durante los días que estuvimos en Cala Iris, los paisanos de allí nos hablaron del Peñón de Vélez, lo cual provocó entre risas y bromas el retorno a nuestras mentes del incidente del islote de Perejil. Transcurridos unos días, nos dirigimos a la parte este de Alhucemas, a la playa de Sfiha, desde donde se veían otros tres peñones.
Vista de los Peñones Isla de Mar e Isla de Tierra
Peñón de Alhucemas
Como se puede apreciar en la primera fotografía, los peñones Isla de Mar e Isla de Tierra están deshabitados. De hecho, se componen de unos metros de tierra yerma cuya utilización es prácticamente nula. Los rodea una valla metálica con el correspondiente cartel de prohibición de acceso -firmado por el Ministerio de Defensa español-, por lo que su única función real es matar lentamente a las gaviotas que en la valla quedan atrapadas.
La finalidad del Peñón de Alhucemas -que es la misma que la del Peñón de Vélez- es otro cantar. En él habitan, según nos contaron los rifeños de la zona, unos 30 militares que se encargan de velar la seguridad del peñón. No sé si efectivamente serán 30 los militares que se encuentran en el peñón, la reflexión que me merece esta situación sería la misma si los efectivos españoles fueran la mitad, una tercera parte o incluso una décima parte.
Dudo mucho de la situación estratégica que estos peñones brindan al ejército español, dudo mucho de la utilidad real que se recibe a cambio del inmenso gasto que supone al erario público el mantenimiento de decenas de militares en las proximidades de las costas marroquíes, y me parece indecente que según está la situación en España se derroche dinero para sustentar la disposición vanidosa y la arrogancia imperialista del Estado español.
Mientras se debate sobre la posibilidad de un gran rescate a nuestro país, se eliminan las prestaciones sociales, se reducen los gastos en educación y sanidad y se abre la puerta a la revisión de las pensiones, el Estado español se empeña en mantener una situación anacrónica y sin sentido de la que no obtiene ningún rendimiento ni utilidad. En tiempos de crecimiento económico la postura respecto a los peñones podría ser hasta hilarante, pero en tiempos de crisis resulta indignante y ridícula. El Gobierno debería gastar su tiempo, esfuerzo y dinero en mitigar los problemas que derivan de la crisis económica, y no empeñarse en poseer unos cuantos trozos de tierra yerma que no reportan ningún beneficio ni, por mucho que nos empeñemos, hegemonía estratégica.
Durante los días que estuvimos en Cala Iris, los paisanos de allí nos hablaron del Peñón de Vélez, lo cual provocó entre risas y bromas el retorno a nuestras mentes del incidente del islote de Perejil. Transcurridos unos días, nos dirigimos a la parte este de Alhucemas, a la playa de Sfiha, desde donde se veían otros tres peñones.
Vista de los Peñones Isla de Mar e Isla de Tierra
Peñón de Alhucemas
Como se puede apreciar en la primera fotografía, los peñones Isla de Mar e Isla de Tierra están deshabitados. De hecho, se componen de unos metros de tierra yerma cuya utilización es prácticamente nula. Los rodea una valla metálica con el correspondiente cartel de prohibición de acceso -firmado por el Ministerio de Defensa español-, por lo que su única función real es matar lentamente a las gaviotas que en la valla quedan atrapadas.
La finalidad del Peñón de Alhucemas -que es la misma que la del Peñón de Vélez- es otro cantar. En él habitan, según nos contaron los rifeños de la zona, unos 30 militares que se encargan de velar la seguridad del peñón. No sé si efectivamente serán 30 los militares que se encuentran en el peñón, la reflexión que me merece esta situación sería la misma si los efectivos españoles fueran la mitad, una tercera parte o incluso una décima parte.
Dudo mucho de la situación estratégica que estos peñones brindan al ejército español, dudo mucho de la utilidad real que se recibe a cambio del inmenso gasto que supone al erario público el mantenimiento de decenas de militares en las proximidades de las costas marroquíes, y me parece indecente que según está la situación en España se derroche dinero para sustentar la disposición vanidosa y la arrogancia imperialista del Estado español.
Mientras se debate sobre la posibilidad de un gran rescate a nuestro país, se eliminan las prestaciones sociales, se reducen los gastos en educación y sanidad y se abre la puerta a la revisión de las pensiones, el Estado español se empeña en mantener una situación anacrónica y sin sentido de la que no obtiene ningún rendimiento ni utilidad. En tiempos de crecimiento económico la postura respecto a los peñones podría ser hasta hilarante, pero en tiempos de crisis resulta indignante y ridícula. El Gobierno debería gastar su tiempo, esfuerzo y dinero en mitigar los problemas que derivan de la crisis económica, y no empeñarse en poseer unos cuantos trozos de tierra yerma que no reportan ningún beneficio ni, por mucho que nos empeñemos, hegemonía estratégica.
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